miércoles, octubre 31, 2012

LA LUNA: La Noche Oscura del Alma


PALABRAS CLAVE: LOCURA – SILENCIO – NOCHE – MIEDO – OSCURIDAD – MAGNETISMO – PASADO – MADRE – AMBIGÜEDAD – PASIVIDAD – PESADILLAS -SOLEDAD

Habíamos visto en la carta anterior que había cierta tristeza en los ojos de la Estrella, el ego del héroe ya no estaba presente en la escena, muchas cosas en su momento importantes habían quedado atrás. Sin embargo, el gozo de no sabernos solos compensa el dolor de la perdida que es esperanzadora y liberadora al mismo tiempo. Habíamos dicho también que era importante que la melancolía no nos invadiera, para que esa fe ganada, no nos abandonara cuando descendiéramos nuevamente a los infiernos y nadáramos en el agua del inconsciente. Este nuevo arcano, La Luna, nos sumerge una vez más en la oscuridad de la noche. Si bien es cierto que la experiencia no será tan desgarradora para el héroe como cuando por primera vez conoció a La Muerte, en este arcano se libra una batalla muy especial. En el mito universal del camino del héroe este atraviesa por distintas etapas: la “llamada a la aventura” por medio de la cual se conecta con su aspecto divino y emprende su viaje, el encuentro con los “ayudantes mágicos” que van a proporcionarle los elementos para salir victorioso en su empresa, el “primer umbral”, lugar en el que se bate a duelo con su guardián que custodia el pasaje hacia el otro mundo, “la batalla” con seres que harán lo imposible para que no obtenga el triunfo, y finalmente “el regreso” y la “devolución” de lo obtenido a la comunidad. En esta fase del camino de evolución de la conciencia nos encontramos en la etapa del “camino de regreso”. La meta del héroe ha sido cumplida, sin embargo todavía tiene que enfrentarse con el último desafío que de ser vencido, le dará carta blanca para regresar con honores.
Observemos la ilustración del tarot de Marsella. Si observamos la carta con nuestro hemisferio derecho podemos experimentar el silencio de la noche violentado por el aullido de dos lobos o perros que se encuentran justo antes de las dos torres, destino de nuestro héroe. Hay oscuridad y desolación. En el estanque nada un cangrejo de río que impide el paso. Dice Sallie Nichols que tal como ocurría en el arcano anterior en este tampoco aparece la figura del héroe lo que significa que psicológicamente está desconectado de sus aspectos humanos, su ego está sumergido en el reino del inconsciente. Vemos también dos plantas doradas, símbolos de la inmortalidad, cerca de las torres lo que nos sugiere que una vez que él logre atravesar todos los obstáculos podrá obtenerlas. Aquí también está presente la polaridad: dos torres, dos perros, dos plantas, los pares de opuestos que deberán ser finalmente integrados. La Luna es la protagonista de la escena, si observamos bien la carta vamos a ver que está rodeada por una esfera que sugiere al sol, que por supuesto remite también a la polaridad sol-luna. En La Torre veíamos que del cielo llovían esferas de colores, lo cual significaba que el golpe del cielo venia acompañado por bendiciones aunque en ese momento los protagonistas no lo vieran, por el contrario en La Luna hay gotas de agua que surgen de la tierra y son absorbidas por el astro, como si ella reclamara para sí toda la energía del héroe, lo cual nos habla de su aspecto devorador. Con respecto al símbolo del cangrejo representa el aspecto regresivo de la luna - animal lunar por excelencia ya que camina al revés - en el zodíaco occidental se corresponde con el signo de Cáncer cuyo regente es la Luna y su modelo arquetípico La Madre. Los perros son típicos guardianes de los umbrales en los mitos y leyendas, en la mitología griega el Can Cerbero es quien custodia el portal del Hades. Una vez más vemos cómo nuestro héroe tiene que aliarse a su parte animal, instintiva (tal como lo analizamos oportunamente en el arcano La Fuerza) para poder avanzar en lugar de atacarla. En los mitos griegos quienes fueron capaces de acceder al Hades no atacaron a Cerbero sino que encontraron caminos alternativos más sutiles para lograr el objetivo.
Según R. Wang la Luna se relaciona con la diosa griega Hécate, la hechicera que habita en el inframundo y es aún más temida que el mismo Hades ya que genera locura, epilepsia, y otras enfermedades a los mortales. Dice Wang que en el tarot las tres fases de la mujer (Doncella, Madre y Anciana) son ilustradas como La Suma Sacerdotisa, La Emperatriz, y La Luna. Estas cartas eran equivalentes en la mitología a Artemisa, Selene y Hécate. Las tres fases de la luna se relacionan entonces con estas distintas facetas del arquetipo de lo femenino: la luna creciente, sutil, femenina, frágil (la doncella), la luna llena, desbordante, fértil, generosa (la madre) y la luna nueva, que da una noche cerrada, atemorizante, extremadamente oscura, y que se relaciona con lo mágico (la bruja).
El tránsito que nos describe el arcano de La Luna es muy difícil de atravesar. Acá se juega nuestro poder personal, nuestra capacidad para distinguir realidad de ficción y de no dejarnos gobernar por nuestros aspectos sombríos. La luz de la luna es magnética y al mismo tiempo ambigüa. Bajo su luz - que ni siquiera le es propia - todo adquiere un color y una forma diferente. Es fácil dejarse engañar y seducir por ella, quedar hipnotizado, paralizado y entregarle toda nuestra energía. Las torres nos sugieren una ciudad que se encuentra a lo lejos, también nos parece interesante llegar hasta allí, sin embargo para eso tienen que sortearse los obstáculos, vencerse los miedos que nos impiden avanzar. Hay un cierto cansancio que se hace evidente en esta etapa del camino, sentimos melancolía por el pasado y en el fondo de nuestra alma abrigamos la esperanza de que todo cuanto hemos visto y entendido sea un sueño. Quizás la vida que llevábamos era mejor, se nos hace doloroso haber “despertado” cuando hay tanta inconsciencia en nuestro entorno. Sin embargo, por más que nos dejemos seducir por su falsa promesa de seguridad no hay más posibilidades de volver atrás, ya no hay adonde ir más que hacia delante. Cuando los dioses griegos regalaban a los mortales un don aún a su pesar no podían quitárselo. Psicológicamente significa que cuando tomamos conciencia de determinado aspecto oscuro llevándolo a la luz es imposible engañarnos a nosotros mismos y volver a sumergirlo en el estanque. No hay opciones, o avanzamos hacia un nuevo conocimiento de nosotros mismos o nos quedamos atrapados en la oscuridad de la noche, solos, locos, confundidos. S. Nichols hace una reflexión muy interesante respecto de este arcano que pone en evidencia la ambigüedad del mismo. Podemos resistirnos a entrar al agua con el cangrejo adentro o utilizar su armadura para cruzar el estanque. Podemos sentir pánico de enfrentarnos a los perros, o acariciarlos y utilizar el brillo de sus ojos para iluminar nuestra noche. Así podremos abrirnos paso para que al día siguiente cuando la luz empiece a emerger por el horizonte y la noche vaya perdiendo terreno, ya estemos a salvo en la ciudad y podamos salir a disfrutar del sol.

 

3 comentarios:

  1. Excelente descripcion... No es fácil tratar con claridad un arcano tan oscuro.
    Saludos

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  2. Felicidades !!!

    Muchas gracias por tu trabajo.

    Bendiciones,

    Lili ,-)

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