miércoles, octubre 31, 2012

TAROT Y  COLOR
que nos puede aportar el color al interpretar una lectura 


Cuando desplegamos una lectura de tarot astrologica - si estamos trabajando con el tarot marsellés - podemos como primera impresion percibir que color predomina, cual es el color que sobrevale y por ende que impronta nos deja. Que sensaciones podemos percibir a partir de el. ¿Es una lectura mas bien ying o por el contrario es del tipo yang?
En este tarot se destacan tres colores fundamentales: rojo, azul y amarillo, tres colores primarios.
Si el color que predomina es el azul la impronta que nos deja es la de una lectura apacible, relajada, introspectiva, emocional.
 Que nos transmite el azul: Segun el libro "Psicologia del color" de la autora Eva Heller, el azul se relaciona con lo divino, ya que parece distante, lejano. Tambien con la fidelidad, la fantasia. Tradicionalmente el azul simboliza el principio femenino. Es apacible, pasivo e introvertido, y el simbolismo tradicional lo vincula al agua, atributo de lo femenino.
Por otro lado si la lectura es predominantemente roja transmite algo totalmente contrario. Su contraste simbolico con el azul se podria ver de esta manera:

rojo                            azul
activo                         pasivo
caliente                       frio
alto                              bajo
corporal                      espiritual
masculino                  femenino

Que nos transmite el rojo: Es el color de las pasiones, de la sangre y de la vida, el fuego, la alegria, la vitalidad, es un color que alude al lujo por su alto perfil, tambien el color de la guerra, la agresividad. Ha sido elegido por partidos y organizaciones politicas porque denota fuerza, energia, lucha. Es un color que resalta, por eso se lo utiliza para corregir y como color para ejercer control, es impetuoso e imponente. Si al ver desplegadas las cartas del tarot sobre la mesa predomina el rojo estaremos en principio frente a una lectura muy energetica, la persona cuenta con un gran dinamismo en los distintos ordenes de su vida. Podemos observar tambien en que areas tiene este caudal de energia, si se da en areas mas bien o mas bien yang, y como advertirle a la persona acerca de sus desequilibrios energeticos.
 
¿Que pasa cuando la lectura exuda color amarillo? Se relaciona con el sol, la vida. El sol es el simbolo del renacimiento, del niño divino. Que nos transmite el amarillo: diversion, entendimiento, iluminacion, amabilidad, optimismo. El lado oscuro del amarillo es su asociacion con su inestabilidad ya que cualquier otro color lo influye, la irritabilidad y se lo relaciona en politica con los traidores. También como color chillon, llamativo es utilizado como color de advertencia. En terminos generales estaremos frente a un momento muy energetico de la personal, vital, alegre, quizas un poco infantil. Es tiempo de disfrute y de darle espacio a lo nuevo.
 
Obviamente observar el color de la lectura  es un dato mas que nos puede aportar informacion, sensaciones que despierten nuestra insuicion. El color se vuelve un soporte mas con contenido simbolico, que habra que acompañar con la riqueza de simbolos que aportan los arcanos. Para mas informacion sobre como actuan los colores sobre los sentimientos y la razon recomiendo consultar el libro mencionado
 




El Juicio: El Llamado a Renacer

PALABRAS CLAVE: REENCUENTRO – RENACIMIENTO – DESPERTAR – DEVOCIÓN – COMPRENSIÓN – BALANCE – CELEBRACIÓN – TRANSFORMACIÓN – REDENCIÓN – LIBERACIÓN – SANACION

En el arcano anterior un sol enorme iluminaba la conciencia de nuestro héroe, lo cual generaba un estado de plenitud, vitalidad, renacimiento y celebración. En el arcano que nos toca, El Juicio - que según R. Wang no se relaciona con el juicio final sino con la posibilidad individual de renacer – el héroe ha cumplido su meta y se ha reencontrado con la comunidad que había abandonado para realizar su destino, tal como les ocurre a los protagonistas de los mitos. En el tarot marsellés vemos al protagonista de la escena que sale de su propia tumba y que se ubica de frente a un enorme ángel que sostiene y hace sonar una trompeta, a su lado están un hombre y una mujer que lo miran y alzan sus manos como si estuvieran orando, en señal de devoción. Parecería que están contemplando un milagro y al mismo tiempo dando gracias a dios por el. Dice S. Nichols que a diferencia de la carta del Joven Enamorado en la cual también había un ángel, el protagonista se encontraba de espaldas al ángel que dirigía su flecha de cupido sin que el fuera consciente, al igual que en La Torre que era expulsado junto a su compañera sin que él pudiera evitarlo. En la Templanza había desaparecido de la escena porque su ego había sufrido una gran transformación luego de la experiencia de La Muerte, y la divinidad toda se estaba haciendo cargo de la alquimia que le daría la posibilidad de continuar. En El Juicio el héroe está presente y no sólo eso sino que es consciente de la presencia del ángel, escucha el sonido de su trompeta, e incorpora la presencia del cielo en su vida cotidiana. En los mitos y leyendas la aventura del héroe también se inicia mediante un “llamado” que provoca que aquel inicie su camino. En este arcano también hay un llamado a la resurrección, un despertar, y al mismo tiempo un pedido del cielo de que esa sabiduría no quede encerrada en los confines de la conciencia de quien ha despertado sino que se haga extensiva a toda la humanidad. Las dos figuras a los costados hacen referencia a este último concepto, y nos dan la idea de que cuando uno renace ese renacimiento genera efectos en nuestro entorno. Una vez completado este proceso de resurrección a una nueva vida los vínculos con nuestros semejantes también se vitalizan, se hacen más profundos. A través del camino del tarot muchos estados han sido atravesados, y en ese conocimiento de la vida y de nosotros mismos hemos aprendido a hacernos cargo de nuestras responsabilidades, que poco tienen que ver con las culpas, sino con darnos cuenta de que nuestras acciones producen efecto en los demás, hemos abrazado a nuestra bestia interna, hemos sido transformados por la mano implacable de la muerte, lavamos nuestras heridas en las aguas de la templanza, nos despojamos de nuestro orgullo y aguardamos esperanzados la llegada del nuevo día mientras comprendíamos que no estábamos solos sino que eramos parte de un sistema cósmico más amplio, aunque llegar a esta certeza casi nos hace perder la razón a manos de la luna. En esta instancia ya no nos victimizamos ni proyectamos nuestra sombra en el otro. Nos hemos vuelto más comprensivos y compasivos con quienes comparten nuestro camino. Nos hemos integrado, nos hemos apropiado de nuestros aspectos escindidos y al habernos “encontrado” podemos también generar encuentros más significantes con otros seres humanos. El llamado del angel tiene como finalidad despertar aquellas funciones inferiores dormidas, talentos, potencialidades jamás desarrolladas y desconocidas para nosotros. Hoy es el tiempo, no importa la edad cronológica para recuperar un sueño no realizado, una actividad postergada, la mente que nos dice que ya se nos pasó el cuarto de hora nos limita con su parloteo constante, sin embargo allí estarán siempre esos tesoros esperando que nos despertemos por fin del letargo y los hagamos relucir.
Los ángeles son los mensajeros de dios, y cada vez que un ángel o un espíritu aparecen en mitos, leyendas y aún en la biblia, traen bajo sus alas un cambio radical, una vida totalmente renovada. Negarse a escuchar el mensaje puede ser muy perjudicial o bien puede privarnos de vivir una existencia excepcional y volvernos seres grises que caminarán hasta el final de sus días sin haber sido abrazados por la vida y sus misterios. Sallie Nichols cita un pasaje de Jung que acá transcribo porque me parece imperdible: “Cuando la libido abandona el mundo superior de la luz, sea por decisión del individuo o bien por una pérdida de energía vital, se hunde de nuevo en su propia profundidad, en la fuente de donde una vez surgió, volviendo al punto de escisión, al ombligo, a través del cual entró una vez en nuestro cuerpo. Este punto de escisión se llama “la madre”, pues es de ella de quien nos llegó la fuente de la libido. Así pues, cuando hay una gran tarea que hacer, ante la cual el ser humano duda de su propia fuerza, el flujo de su libido se retrotrae a su fuente, y este es el momento peligroso, el momento de decisión entre la destrucción y la nueva vida. Si la libido permanece prisionera en el asombroso mundo interior, el ser humano se convierte en una pura sombra en el mundo superior: no es mejor que un hombre muerto o un enfermo grave. Pero si la libido tiene éxito en liberarse y, luchando, llega al mundo superior otra vez, entonces sucede el milagro, pues este descenso a los mundos inferiores ha rejuvenecido a la libido y, de su muerte aparente, despierta llena de ansias de éxito”. Hay momentos en la vida en que tenemos que dar el salto al vacío, ya hemos comprobado que no estamos solos, que la divinidad nos apoya en nuestra evolución que es nuestro destino.
El Juicio también se relaciona con los balances. Estamos terminando el año y es inevitable que uno reflexione sobre lo que nos está dejando este tiempo y que pensemos en nuestros proyectos y sueños para el que vendrá. El angel nos incita a escuchar su mensaje, no es sutil en su manifestación, su trompeta es estridente, ya es hora de renacer a una nueva vida, la oportunidad es hoy, la vida nos da la posibilidad de un nuevo año para lograr nuestro milagro personal.



EL SOL: Nuestro Niño Interior

PALABRAS CLAVE: ALEGRIA – JUEGO – INICIOS – RENACIMIENTOS – NIÑO – PLENITUD – VITALIDAD – TOTALIDAD - LUZ

¡Por fin ha salido el sol! Después de noches de oscuridad alumbrados por la luz enloquecedora de la luna, nuestro héroe superó la prueba, llegó a la ciudad y ahora puede contemplar el nuevo día a salvo. Al igual que en los mitos, el héroe que desciende a los infiernos, al mundo oscuro de los muertos, encuentra la salida y emerge hacia la luz. La sensación de victoria es reconfortante y revitalizadora. A la luz del sol todo luce de otra manera, ya no hay miedos, sólo alegría y una sensación de libertad total, esa misma libertad que presentía la mujer del arcano “La Estrella” mientras en la oscuridad de la noche realizaba su trabajo de trasvase. Ahora es una realidad. Mientras el tiempo de “La Luna” nos llenaba de lágrimas y nostalgia por el pasado, hoy “El Sol” nos conecta con el momento presente, con el disfrute, con lo lúdico tal como lo vemos representado en los gemelos del tarot marsellés que unidos, con un sol imponente de marco, se dejan fluir con la alegría. Dice S. Nichols que este arcano nos acerca al sencillo mundo de la infancia solar donde la vida no es un desafío sino una experiencia, un espacio para recobrar la espontaneidad y la armonía interior. A diferencia del adulto el niño se conecta con la experiencia del momento presente, basta con observarlos jugar para darse cuenta, no importa el tiempo transcurrido, no hay pasado ni futuro sólo ese juego al que están abocados. El pensamiento racional del niño está en pleno desarrollo, aún no han surgido los sistemas de creencias que rigen la vida del adulto y la limitan, ni los mandatos familiares y sociales se hallan consolidados, el niño es un ser emocionalmente simple, ama o no ama, no hay segundas intenciones, ni matices, no hay miedos, ni conciencia de sí mismos, en ellos todo es natural. Dice Nichols que los niños representan la función inferior, aquella que no tenemos desarrollada y que se encuentra más próxima a la naturaleza, la cual integrada a nuestra psiquis puede ampliar nuestra gama de posibilidades y potencialidades. Los niños representan entonces la energía vital, lo nuevo, lo experimental, lo primitivo y total.
Según Robert Wang el motivo del niño divino ha sido un pívot para la filosofia junguiana. Es el punto de conexión entre lo individual y lo colectivo. El niño representa el surgimiento de la auto conciencia que emerge del útero de lo inconsciente. Es el niño divino, poderoso, nacido en medio de circunstancias mágicas, y criado en circunstancias particulares también, en definitiva el self que es la instancia última en el camino de individuación junguiana. El arquetipo del niño aparece con varios disfraces, puede ser el ser hermafrodita, es el duende y el elfo de la mitología que personifica las fuerzas ocultas de la naturaleza, es el puer aeternus, es el niño dorado, y es el joven héroe. Es este niño el que simboliza aquello que une ambos opuestos, el mediador, el que trae la curación, aquel quien realiza la totalidad. Esta unificación perfecta es la cuaternidad, es el círculo y es el sol “esférico”. Entonces el niño del arcano El Sol es el joven Mago, que tiene un doble rol. El es al mismo tiempo e joven héroe que va en busca del oro espiritual, y es el oro en sí mismo. De esta manera vemos cómo todos los arcanos se van interrelacionando, y que los primeros contienen las semillas que han de sembrarse en los últimos.
El nacimiento del niño divino implica estar frente a un nuevo estado de conciencia. Cuando aparecen niños en los sueños estamos frente a nuevas potencialidades que están emergiendo, aspectos oscuros de nuestra psiquis que están viendo la luz. Al igual que la figura de los gemelos – tal como aparecen en nuestro arcano – también simboliza la toma de conciencia de aspectos inexplorados que representados por el gemelo oscuro, surgen para ser finalmente integrados. En los mitos el nacimiento del niño divino (Cristo o Buda) ocurre en circunstancias especiales, no nace como un ser mortal ordinario, lo que denota su naturaleza espiritual. Luego, este niño se hará hombre y se convertirá en el héroe que ha de traer la “poción mágica”, la sabiduría conquistada en el otro mundo para el beneficio de la humanidad.
Dice Wang que la diaria aparición y desaparición del sol ha provocado mucha especulación y ha sido el origen de diversos mitos, aunque en realidad el culto al sol ha sido inusual en el mundo antiguo, sólo importante para el pueblo egipcio, en Asia, en la primitiva Europa y en las poblaciones indígenas del continente americano. El viaje del sol – su aparición y su puesta – simboliza el pasaje del niño al adulto, del niño divino al anciano sabio, del puer al senex, ambos pares arquetípicos. El niño es el sol naciente del este y el anciano es el sol poniéndose en el oeste. Dice Sallie Nichols que la primera mitad de la vida es generalmente el viaje del ego, pero cuando hemos dejado nuestra huella en el mundo y nuestro sol se halla en el zenit podemos reconectarnos con nuestro niño interior, unirnos a él y sanarlo. A modo personal me es curioso pensar que los ancianos olvidan los hechos inmediatos de su vida cotidiana actual, mientras que recuerdan con detalle situaciones vividas en su infancia, parece ser que el senex se acerca al niño al final de sus días, y que finalmente el niño volverá a renacer con toda la experiencia acumulada gracias a la sabiduría del anciano.
En este sentido, no hay peligro de una regresión ya que en el arcano “El Sol” los niños juegan en un lugar cerrado, están protegidos, no hay peligro que los contenidos del inconsciente los invadan. También aquí se ven claramente los pares de opuestos: un niño y una niña, los opuestos se unen en este juego solar.
El Sol es el centro del sistema solar, alrededor de él giran todos los planetas, en la astrología occidental es el regente del signo Leo, el arquetipo del monarca, también representa el núcleo principal de nuestra carta astral, nuestra tarea solar es llegar a desarrollar todas las potencialidades del sol natal. Junto con la Luna representa la polaridad más importante, el Sol simboliza nuestro Padre, el futuro, nuestras potencialidades a desarrollar, la conciencia, el conocimiento directo, mientras que la Luna es la Madre, el pasado, nuestro origen, el conocimiento que se obtiene indirectamente, ya que su luz es el reflejo del sol. El Padre es quien nos lanza al futuro, mientras la Madre nos retiene en sus brazos para que nada nos dañe, nos reclama para sí, ella ha creado nuestro cuerpo y le ha dado forma durante nueve meses. Sin embargo, quedarnos eternamente en los dominios de la Luna limita nuestras posibilidades, mientras que dejarnos iluminar por el Sol llena nuestra vida de potencialidades y de felicidad por nuestra autorrealización. El Sol hace que los paisajes de nuestra vida se vean diferente. Cuando en medio de la noche nos asaltan los miedos todo lo vemos oscuro y difícil, bajo la luz de la luna todo parece inmenso, sin embargo si en medio de ese estado podemos recordar que mañana será un nuevo día, el Sol nos llenará de nuevas energías, de esperanza, los miedos desaparecen, vemos por fin ver con claridad, ya la situación no nos parece tan terrible. Nos sentimos a salvo.
Hay un niño en un pesebre que acaba de nacer, en la más absoluta sencillez. Es el niño divino, el hijo de Dios. No necesita venir al mundo en un palacio, no le hacen falta ornamentos, trasciende por su naturaleza y no por lo que tiene. Así de simple es el encuentro con nuestro ser divino, nuestra naturaleza más profunda, no hacen falta caminos complicados, ni vanidades inútiles, ni secretos, ni intermediarios, no es a través de nuestro ego que llegaremos a encontrarlo. Este niño nos llena de felicidad, como la llegada de todos los niños a este mundo, simboliza la plenitud que sólo se consigue con el encuentro con uno mismo, con nuestro ser, con la porción de divinidad que subyace en todos nosotros. Todo lo demás es circunstancial, y puede darnos simples destellos de felicidad que desaparecen como estrellas fugaces en nuestro cielo, tal como enseñó Jesús persigamos el reino de dios y todo lo demás vendrá por añadidura, ese edén que está en cada uno de nosotros. El niño representa la felicidad por lo que somos y por lo que podemos llegar a ser. La llegada al mundo de nuestra alma inmortal y todos los renacimientos que operarán a lo largo de nuestra vida, como así también al final de nuestro camino. Somos espíritu, somos eternos, el niño nos trae el mensaje. Nos brinda su ternura, su inocencia, el amor más simple y a la vez el más profundo. Mañana cuando finalmente haya nacido todo será diferente, nos regalará un sol enorme para que podamos iluminarnos a nosotros mismos y ser luz para los demás.

 

LA LUNA: La Noche Oscura del Alma


PALABRAS CLAVE: LOCURA – SILENCIO – NOCHE – MIEDO – OSCURIDAD – MAGNETISMO – PASADO – MADRE – AMBIGÜEDAD – PASIVIDAD – PESADILLAS -SOLEDAD

Habíamos visto en la carta anterior que había cierta tristeza en los ojos de la Estrella, el ego del héroe ya no estaba presente en la escena, muchas cosas en su momento importantes habían quedado atrás. Sin embargo, el gozo de no sabernos solos compensa el dolor de la perdida que es esperanzadora y liberadora al mismo tiempo. Habíamos dicho también que era importante que la melancolía no nos invadiera, para que esa fe ganada, no nos abandonara cuando descendiéramos nuevamente a los infiernos y nadáramos en el agua del inconsciente. Este nuevo arcano, La Luna, nos sumerge una vez más en la oscuridad de la noche. Si bien es cierto que la experiencia no será tan desgarradora para el héroe como cuando por primera vez conoció a La Muerte, en este arcano se libra una batalla muy especial. En el mito universal del camino del héroe este atraviesa por distintas etapas: la “llamada a la aventura” por medio de la cual se conecta con su aspecto divino y emprende su viaje, el encuentro con los “ayudantes mágicos” que van a proporcionarle los elementos para salir victorioso en su empresa, el “primer umbral”, lugar en el que se bate a duelo con su guardián que custodia el pasaje hacia el otro mundo, “la batalla” con seres que harán lo imposible para que no obtenga el triunfo, y finalmente “el regreso” y la “devolución” de lo obtenido a la comunidad. En esta fase del camino de evolución de la conciencia nos encontramos en la etapa del “camino de regreso”. La meta del héroe ha sido cumplida, sin embargo todavía tiene que enfrentarse con el último desafío que de ser vencido, le dará carta blanca para regresar con honores.
Observemos la ilustración del tarot de Marsella. Si observamos la carta con nuestro hemisferio derecho podemos experimentar el silencio de la noche violentado por el aullido de dos lobos o perros que se encuentran justo antes de las dos torres, destino de nuestro héroe. Hay oscuridad y desolación. En el estanque nada un cangrejo de río que impide el paso. Dice Sallie Nichols que tal como ocurría en el arcano anterior en este tampoco aparece la figura del héroe lo que significa que psicológicamente está desconectado de sus aspectos humanos, su ego está sumergido en el reino del inconsciente. Vemos también dos plantas doradas, símbolos de la inmortalidad, cerca de las torres lo que nos sugiere que una vez que él logre atravesar todos los obstáculos podrá obtenerlas. Aquí también está presente la polaridad: dos torres, dos perros, dos plantas, los pares de opuestos que deberán ser finalmente integrados. La Luna es la protagonista de la escena, si observamos bien la carta vamos a ver que está rodeada por una esfera que sugiere al sol, que por supuesto remite también a la polaridad sol-luna. En La Torre veíamos que del cielo llovían esferas de colores, lo cual significaba que el golpe del cielo venia acompañado por bendiciones aunque en ese momento los protagonistas no lo vieran, por el contrario en La Luna hay gotas de agua que surgen de la tierra y son absorbidas por el astro, como si ella reclamara para sí toda la energía del héroe, lo cual nos habla de su aspecto devorador. Con respecto al símbolo del cangrejo representa el aspecto regresivo de la luna - animal lunar por excelencia ya que camina al revés - en el zodíaco occidental se corresponde con el signo de Cáncer cuyo regente es la Luna y su modelo arquetípico La Madre. Los perros son típicos guardianes de los umbrales en los mitos y leyendas, en la mitología griega el Can Cerbero es quien custodia el portal del Hades. Una vez más vemos cómo nuestro héroe tiene que aliarse a su parte animal, instintiva (tal como lo analizamos oportunamente en el arcano La Fuerza) para poder avanzar en lugar de atacarla. En los mitos griegos quienes fueron capaces de acceder al Hades no atacaron a Cerbero sino que encontraron caminos alternativos más sutiles para lograr el objetivo.
Según R. Wang la Luna se relaciona con la diosa griega Hécate, la hechicera que habita en el inframundo y es aún más temida que el mismo Hades ya que genera locura, epilepsia, y otras enfermedades a los mortales. Dice Wang que en el tarot las tres fases de la mujer (Doncella, Madre y Anciana) son ilustradas como La Suma Sacerdotisa, La Emperatriz, y La Luna. Estas cartas eran equivalentes en la mitología a Artemisa, Selene y Hécate. Las tres fases de la luna se relacionan entonces con estas distintas facetas del arquetipo de lo femenino: la luna creciente, sutil, femenina, frágil (la doncella), la luna llena, desbordante, fértil, generosa (la madre) y la luna nueva, que da una noche cerrada, atemorizante, extremadamente oscura, y que se relaciona con lo mágico (la bruja).
El tránsito que nos describe el arcano de La Luna es muy difícil de atravesar. Acá se juega nuestro poder personal, nuestra capacidad para distinguir realidad de ficción y de no dejarnos gobernar por nuestros aspectos sombríos. La luz de la luna es magnética y al mismo tiempo ambigüa. Bajo su luz - que ni siquiera le es propia - todo adquiere un color y una forma diferente. Es fácil dejarse engañar y seducir por ella, quedar hipnotizado, paralizado y entregarle toda nuestra energía. Las torres nos sugieren una ciudad que se encuentra a lo lejos, también nos parece interesante llegar hasta allí, sin embargo para eso tienen que sortearse los obstáculos, vencerse los miedos que nos impiden avanzar. Hay un cierto cansancio que se hace evidente en esta etapa del camino, sentimos melancolía por el pasado y en el fondo de nuestra alma abrigamos la esperanza de que todo cuanto hemos visto y entendido sea un sueño. Quizás la vida que llevábamos era mejor, se nos hace doloroso haber “despertado” cuando hay tanta inconsciencia en nuestro entorno. Sin embargo, por más que nos dejemos seducir por su falsa promesa de seguridad no hay más posibilidades de volver atrás, ya no hay adonde ir más que hacia delante. Cuando los dioses griegos regalaban a los mortales un don aún a su pesar no podían quitárselo. Psicológicamente significa que cuando tomamos conciencia de determinado aspecto oscuro llevándolo a la luz es imposible engañarnos a nosotros mismos y volver a sumergirlo en el estanque. No hay opciones, o avanzamos hacia un nuevo conocimiento de nosotros mismos o nos quedamos atrapados en la oscuridad de la noche, solos, locos, confundidos. S. Nichols hace una reflexión muy interesante respecto de este arcano que pone en evidencia la ambigüedad del mismo. Podemos resistirnos a entrar al agua con el cangrejo adentro o utilizar su armadura para cruzar el estanque. Podemos sentir pánico de enfrentarnos a los perros, o acariciarlos y utilizar el brillo de sus ojos para iluminar nuestra noche. Así podremos abrirnos paso para que al día siguiente cuando la luz empiece a emerger por el horizonte y la noche vaya perdiendo terreno, ya estemos a salvo en la ciudad y podamos salir a disfrutar del sol.

 

LA ESTRELLA: Esperanza y Libertad

“Cuando hayas encontrado el comienzo del camino, la estrella de tu alma mostrará su luz” máxima cabalística

PALABRAS CLAVE: LUZ INTERIOR – DESTINO – FLUIDEZ – LIMPIEZA – SABIDURÍA – CONFIANZA – ENTREGA – HUMILDAD - INICIOS – ESPIRITUALIDAD – INSPIRACIÓN – INTUICIONES - CALMA – ENTUSIASMO – PUREZA – ARMONIA – RECEPTIVIDAD - FUTURO

En el arcano anterior las estructuras del héroe se habían desmoronado, colapsadas por la fuerza de la divinidad que mediante un hecho súbito lo había liberado finalmente de sus ataduras. Como consecuencia de ello él había tomado conciencia de su aislamiento y omnipotencia y había podido percibir la presencia de la divinidad operando en dicha situación. En el arcano que le sigue y que vamos a tratar ahora, La Estrella, su “iluminación” entendida como cambio en su condición psíquica, se va a ser mucho más profunda. Va a comprender que no es un ser aislado, sino que está conectado con sus semejantes y todos ellos con el orden superior que es participe de su destino.
Dice R. Wang que las cartas que siguen en el tarot: La Estrella, la Luna y el Sol estaban originalmente unidas. El Sol y la Luna y todos los planetas fueron llamados “estrellas” y representaban la influencia del cielo en el destino del hombre. En el tarot original estas eran (como las virtudes en las artes liberales) representadas por figuras femeninas que sustentaban sus respectivos atributos. La figura no era la estrella propiamente dicha sino la personificación de la inteligencia que dirigía el destino de todos. Presumiblemente esta estrella única, primero ubicada antes que el Sol y la Luna hacía referencia a la “Estrella Matutina”. Así como también representa a la Estrella que guió los reyes magos al pesebre de Belén. Con lo cual se puede inferir que la estrella no sólo era esa fuerza astrológica que controlaba el destino de la humanidad sino también la proveedora de la guía divina por la cual uno puede elegir el camino correcto.
Las estrellas siempre han sido un elemento de proyección de los contenidos psíquicos y son el instrumento por el cual accedemos al cielo, así como los ojos son las ventanas del alma, las estrellas son los ojos del cielo, o las ventanas del alma del cielo. Vemos una estrella y pedimos un deseo, nos concentramos en una estrella como si ella pudiera conectarnos con nuestros seres queridos ausentes. Según Nichols las estrellas también nos relacionan con la inmortalidad, las figuras heroicas o las divinidades griegas eran inmortalizados como planetas o constelaciones. Cuando Quirón muere e intercambia su vida inmortal por la de Prometeo que había sido atado a una roca y condenado a sufrir el castigo por el cual un ave le comía el hígado por las noches que se regeneraba al día siguiente, Zeus en honor a él eleva su imagen al cielo y así se crea la constelación de Sagitario.
En el tarot marsellés vemos una mujer, centro de la escena, que sostiene dos cántaros en sus manos y vierte su líquido, el de un cántaro en un río y el del otro en la tierra. Está desnuda, vacía, lo que significa que está conectada con la naturaleza, despojada de todo, entregada a su tarea, expectante y llena de esperanza. Nos recuerda a La Templaza, arcano que también se sucede después de una gran crisis (La Muerte) y que tenía un trabajo entre manos, trasvasar líquido de una vasija a otra. El elemento agua está muy presente en estos dos arcanos, como función emocional y a la vez como el instrumento que permite limpiar, curar, purificar. Mientras en el arcano de La Estrella hay una mujer en La Templanza encontramos un ángel. Quizás porque en ese estadio del viaje nuestro héroe necesitaba encontrarse cara a cara con la divinidad y en este ya ha experimentado ese encuentro, incluso ha conocido la faceta más dura e iracunda de ella. Quizás también porque la propuesta de La Estrella sea el encuentro entre su propia humanidad y la divinidad en una instancia más armónica y pacífica, para luego poder transmitir este conocimiento al resto de los hombres. Dice Sallie Nichols que mientras La Templanza recoge y mezcla las partes de la psique que La Muerte ha dejado desparramados, dirigiendo esas esencias hacia nuevos caminos, el trabajo de La Estrella es distinto. Consiste en separar y redistribuir, quizás esta mujer esté separando cuidadosamente los contenidos arquetípicos del inconsciente de los contenidos más personales, parece verterlos de nuevo en los riachuelos compartidos por la humanidad. Podemos ver entonces cómo acá se hace muy evidente el pasaje de lo individual hacia lo colectivo. El héroe toma conciencia de que no está solo, comparte un destino común con la humanidad y alinea su vida a los deseos del cielo.
Esta mujer está sola en el silencio de la noche, momento que llama a la introspección, a la visión interior, hay paz en ese silencio, estado que preexiste a la creación de lo nuevo. No hay angustia ni rastros de la omnipotencia que estaba presente en La Torre. La mujer hace su trabajo humildemente y en calma. Tiene la sabiduría suficiente para saber que el fruto de su esfuerzo será una fertilidad nueva. Hay aquí una gran esperanza y entrega, ella vacía el cántaro sin saber adónde llegará el resultado de su trabajo, quien beberá esas aguas, qué nuevas tierras serán fertilizadas.
Por detrás de la figura vemos una gran estrella y otras sietes más, todas de ocho puntas. La estrella central representa un mandala, se puede asociar también con la estrella polar, el centro por el cual gira el firmamento. Según R. Wang el número ocho que tal como el leminscato es el símbolo del infinito, se refiere al mercurio alquímico, a la palabra. Dice S. Nichols que en los textos alquímicos aparecen configuraciones como estas, que muestran una estrella gigante (que representa el proceso de iluminación) al lado de los siete planetas. El proceso de individuación de Jung es parecido al objetivo alquimista que consistía en la liberación espiritual del hombre y como este se debe realizar en soledad. Además Jung propone que la salvación del hombre radica en su propia psiquis, lograr la conexión con su yo superior, provoca un efecto dominó en el resto de la sociedad pero el punto inicial es siempre el individuo. Quien se encuentra a su estrella interior y se deja iluminar por ella se convierte en la luz que guía a quienes aún están perdidos en la oscuridad de su inconsciente.
En este sentido vemos la evolución con respecto al arcano anterior, en la Torre el héroe necesitaba el golpe para reaccionar, el protagonista era Dios, en la Estrella la protagonista es la mujer y Dios está presente, por supuesto, pero en otra parte de la escena.
Vemos en el fondo de la carta dos árboles florecidos, podemos asociarlos a los árboles de la Vida y del Bien y del Mal del Edén. Ellos representan la conexión entre el cielo y la tierra, ya que hunden sus raíces en la tierra y elevan su copa hacia el cielo. Hay un pájaro negro en uno de esos árboles, mensajero de los dioses. Según H. Banzhaf el vuelo de los pájaros era utilizado como oráculo y simbolizaban la capacidad visionaria de las deidades a las que pertenecían. También, como las dos vasijas, se relacionan con los pares de opuestos, inconsciente y conciente. En esta fase del camino evolutivo, el ego y nuestro espíritu racional están disminuidos y por ende las intuiciones pueden surgir. Dice Nichols que en ese punto el ego empieza a estar lleno de una sensación de destino y asimismo empieza a experimentar su sino individual como parte de un todo, comienza a descubrir que los hechos de la vida cotidiana toman otra dimensión si se empieza a comprenderlos como hechos trascendentes que asociados encuentran un nuevo sentido.
Esperanza y libertad definen la esencia de La Estrella. Esperanza por el nuevo comienzo, por el encuentro con nuestra propia luz que ha de guiarnos por el camino, y libertad porque estamos despojados de mandatos, ideas, “ropajes” de nuestra civilización, libres para volver a empezar ahora con una nueva conciencia. Es cierto que notamos cierta tristeza en los ojos de la Estrella. Mucho ha quedado atrás, es inmensa la emoción de no sabernos criaturas abandonadas en el universo. Es importante que la melancolía no nos domine, no hay que perder la fe ganada, para que cuando conozcamos al próximo arcano, La Luna, no nos perdamos en la oscuridad de la noche.

 

LA TORRE: Destruccion - Creación

PALABRAS CLAVE: ESTRUCTURAS – RIGIDEZ – GOLPE – CATASTROFE – AISLAMIENTO – SOBERBIA – OMNIPOTENCIA – FATALIDAD – LIBERACIÓN - ILUMINACION

En el arcano anterior nuestro héroe estaba atrapado por su sombra, representada por el Diablo, parecía no darse cuenta hasta qué punto estaba esclavizado por sus pasiones. El apego y el sometimiento eran absolutos. Habíamos dicho también que si él no podía liberarse por sí mismo la vida iba a hacerlo por él. Esta es la clave del arcano “La Torre” y por ende su propuesta es la liberación.
Veamos la imagen del tarot marsellés. Nos muestra una torre sin ventanas y con una puerta muy pequeña. En la cúpula hay una corona que es impactada por una pluma, como consecuencia sus habitantes un hombre y una mujer caen uno a cada lado, y en medio de ellos caen también esferas de colores. A simple vista parece una contradicción: ¿es una desgracia o una bendición? La respuesta es: ambas cosas.
Concentrémonos por un momento en el símbolo de la TORRE y su utilización en el mundo antiguo. Dice Sallie Nichols que en primer lugar uno asocial la torre a la famosa la torre de Babel que se menciona en la Biblia, un edificio construido por Nemrod para conquistar el cielo y que según el relato provoca la ira y la venganza de Dios y por lo tanto es destruida. También eran utilizados como lugares de reclusión para prisioneros, y edificios pensados para conectar el cielo con la tierra. Sin embargo, la temática de la torre del tarot plantea el caso de dos personas que hacen de su propia torre su dios. Estaban aislados tanto del mundo externo como de la divinidad, creían no necesitar a nada ni a nadie, “permanecían cerrados a cualquier posibilidad de intervención milagrosa” dice S. Nichols “para conseguir tal cosa los dioses tenían que buscar un modo de entrar en ella, aunque fuera por la fuerza”. Sin embargo, como decíamos anteriormente, lejos de ser una fatalidad esta entrada es liberadora y su efecto mágico que conduce a la iluminación, está representado por las esferas de colores que caen al lado de los personajes. Ellos no las perciben, están demasiado shockeados por el impacto y totalmente tomados por la experiencia y su consecuente desenlace. El golpe viene directamente del cielo. Este impacto que en el tarot marsellés es realizado mediante una pluma se puede asociar con el rayo del dios griego Zeus (el dios del trueno y el rayo asi como también el protector de la ley y la moral), y Thor el dios nórdico que portaba su martillo y era conocido como el dios destructor, tal como dice R. Wang. El aclara que en todas las culturas el dios del cielo tiene muchas responsabilidades, además del hecho de la creación. En primer lugar, el es el protector arquetípico de sus criaturas, lo cual significa que debe preservar y proteger el orden y la integridad de lo que el mismo ha creado. Pero su fuego iluminador es también lo que destruye para que así el ciclo destrucción – creación vuelve a comenzar. Dice Wang que el arquetipo del Padre que hace la guerra está separado del Padre Celestial, lo cual queda muy claro en la mitología romana, Marte era el dios de la guerra seguido por Júpiter.
Aunque en un primer momento las personas expulsadas de la torre se quejen de su destino, pregunten a dios ¿por qué a mi?, no pueden ser conscientes del efecto salvador de este acontecimiento, se sienten abandonados por él y no alcanzan a ver su mano, dios no los ha olvidado, todo lo contrario, ellos se han olvidado de dios, pero él nunca se olvida de sus criaturas. La sutileza de ello se encuentra representada por la pluma que es un elemento suave que la divinidad utiliza para derribar la torre, lo cual nos hace pensar qué rígida debió haber sido esta torre para que una pluma la derribe. Tal como dice el Tao lo que cuanto más rígida es una estructura más fácil es tumbarla. La corona, es símbolo del ego entronizado de los personajes que la divinidad se encarga de poner en su lugar.
Las torres son estructuras construidas por el hombre. Paradójicamente en la antigüedad se utilizaban como prisiones y lugares de adoración a dios, en la actualidad para el hombre urbano, contemporáneo también suele ser una prisión moderna. Se despierta en el piso del edifico donde vive, y pasa ocho horas en su oficina ubicada en otra torre, lejos de la naturaleza, respirando un aire artificial. Cada día se construyen torres más sofisticadas, “inteligentes” que parecen templos para adorar al sistema en el que los hombres están inmersos. Sin embargo las torres también pueden ser prisiones psicológicas: matrimonios acabados, trabajos insatisfactorios, ideologías, fanatismos, mandatos familiares, y cualquier otra cosa que nos aísle. Entonces nuestra pareja nos deja y la empresa quiebra. Nuestro mundo se desmorona súbitamente. Podemos sentirnos desgraciados y aferrarnos a lo poco que queda de nuestra torre, o bien iluminarnos, hacer visible la intervención divina detrás de la experiencia. Para Jung “la iluminación significa un repentino, inesperado, y poderoso cambio de la condición psíquica”. Simbólicamente la iluminación se relaciona con el falo así como con la serpiente y su función iluminadora, vivificante, fertilizadora, transformadora y curativa. El derrumbe de la torre puede hacernos conscientes de cuán rígidos eramos respecto de determinados aspectos, vínculos o ideas en nuestras vidas y consecuentemente “iniciarnos” para que podamos construir espacios diferentes, más flexibles, en donde podamos dejar entrar la luz, y estar protegidos sin dejar de conectarnos con el exterior. Así una vez que podamos recuperarnos del shock, despojados al fin de nuestras estructuras, logremos prepararnos para la experiencia de la entrega total que nos espera cuando nos encontremos con nuestro próximo arcano, La Estrella.

 

El Diablo: El Angel Oscuro

PALABRAS CLAVE: OSCURIDAD – SOMBRA – PASIÓN – ESCLAVITUD – ATADURAS – OBSESION – AUTODESTRUCCION – NEGACIÓN – LUZ – CONFUSIÓN – SEDUCCIÓN - MAGNETISMO

¿Es el diablo ese ser espantoso que hemos visto en películas de terror? ¿Será ese personaje que nos tienta, nos arrastra al “pecado” del que tanto hemos escuchado hablar y al que se le ha echado la culpa de casi todo? Las religiones monoteístas hablan de dios y del diablo, como dos fuerzas antagónicas, ¿es que habrá un Boca-River también en el mundo espiritual? ¿Dios será tan pusilánime como para no poder contra este Diablo? ¿O será un Dios morboso, o quizás indiferente?
Según R. Wang el diablo es una creación del cristianismo que combina aspectos de las distintas personalidades mitológicas. La idea del diablo se remonta a los comienzos oscuros de la humanidad y a la concepción animada de la naturaleza involucrando buenos y malos espíritus. Continúa explicando que el primer diablo parece haber aparecido en India como Mara, la tentadora de Budah. Históricamente la dualidad dios-diablo del cristianismo surge de la influencia de la filosofía persa que establecía que el bien y el mal provenían de dos diferentes e independientes fuentes. Luego en las escrituras del Viejo Testamento Satán -que en hebreo significa adversario – aparece más como un sirviente de Dios, que odia a la humanidad, acusa y demanda castigo en nombre de Dios, que como su oponente. En los tiempos de Cristo se expande la creencia en un diablo que trae enfermedad y posesión mental, pero este era en esencia un demonio independiente, difícilmente era una figura que pudiese cuestionar la autoridad de Dios. Jung se fascinó con el problema del diablo y se concentró especialmente en las paradojas tales como la responsabilidad de Judas en la muerte de Cristo, porque si Judas no hubiese traicionado a Cristo no hubiese habido crucifixión y consecuentemente tampoco cristianismo tal como lo conocemos. El diablo es en realidad un rebelde que quiere algo mas, dicen que odia al hombre, pero en definitiva termina siendo su “benefactor”. ¿Que hubiese sido de nosotros si Eva no hubiese caído en su tentación? La humanidad jamás hubiese evolucionado y seguiríamos viviendo en el paraíso con todo servido. Sin embargo, qué difícil aceptar este concepto cuando nuestra cultura judeocristiana nos ha enseñado que el diablo es el enemigo del hombre, y que Dios es únicamente bueno. Según comenta S. Nichols Jung argumentó que el bien y el mal son pares de opuestos y uno no puede existir sin el otro, por lo tanto no tiene lógica que Dios no tenga también su alter ego, su costado oscuro. Cuanto más difícil aún aceptar esta teoría. Todo lo cual nos lleva a relacionar al diablo con el arquetipo de la “sombra”.
Yendo a nuestros días probablemente no encontremos al Diablo tal como le sucede a los protagonistas de una película de terror aunque si lo identificaremos claramente en las noticias de todos los dias: crímenes pasionales, adictos que roban para consumir, políticos corruptos ciegos de poder y de codicia, actos de violencia irracionales, etc. En todos estos casos el Diablo estaba ahí, no con sus cuernos y su aspecto deforme, sino en la psiquis de cada una de esas personas que exteriorizaron su oscuridad, la llevaron a la acción, dañaron o se dañaron. El Diablo es el aspecto oscuro de la personalidad: la Sombra. ¿Qué es entonces la sombra? Dice R. Wang que la sombra es el complejo de la personalidad más negativo, desagradable a tal punto que la gente intenta negar. Tal como Jung explica la sombra personifica todo lo que el sujeto se rehusa a conocer acerca de uno mismo. El relacionó esta personalidad “inferior” con los instintos animales, y la describe como la mitad oscura de cada persona que es percibida como un ser separado. Cada función que se vuelve autónoma y se separa de la personalidad es demoníaca o sea patológica. El “self” es la hipotética suma de una indescriptible totalidad, una parte de este está constituido por el ego-conciencia, la otra por la sombra, lo que para Freud era el inconsciente personal. En el proceso de individuación, el arquetipo de la sombra es la clave. Este proceso comienza cuando los contenidos de la sombra son traídos hacia la conciencia, no puede haber evolución hasta que la sombra sea reconocida e integrada. En nuestra cultura judeocristiana el bien es totalmente diferente al mal, además se ha hecho un culto al bien a tal extremo que cuando en el mejor de los casos tenemos un pensamiento oscuro sentimos culpa, sino lo reprimimos. Sin embargo, negar el mal no hace que este desaparezca, se necesita encontrar un receptáculo para nuestra oscuridad, entonces la proyectamos en el otro, nos victimizamos, no somos responsables de nada. Esto mismo ocurre a nivel colectivo, y las comunidades que son minoría (negros, judíos, homosexuales, gitanos, etc.) se convierten en recipientes de la “basura” de la sociedad, todo lo que esta se niega a aceptar. Según S. Nicholls que con cada guerra parece más evidente que compartimos características del diablo, dice que es precisamente la función de la guerra la que revela a la humanidad su enorme capacidad para el mal. Y es la guerra el escenario perfecto para destruir al otro y a uno mismo. Dice R. Wang que para Jung el encuentro con la sombra y su consecuente aceptación e integración es un proceso que muy pocos logran porque la mayoria de la gente no es conciente de ella y viven en incredulidad de pensar que son totalmente “buenos”. Además el encuentro con la sombra es una experiencia muy desagradable que pocos pueden soportar. Ese encuentro implica encontrarse con los aspectos más oscuros y atemorizantes de la personalidad, los instintos primarios que la civilización nos enseñado que son inaceptables. Una manera de conectar con nuestra sombra como con el resto de los arquetipos es a través de los sueños. De acuerdo a las investigaciones de Jung la sombra se manifiesta en animales tales como arañas, murciélagos, ratas, etc. Una noche soñé con un murciélago que cuelga de un hilo y me mira, al principio me da repulsión, luego lo miro bien y veo que me mira con dulzura, lo veo otra vez y me doy cuenta que tiene mis ojos. Este sueño revela perfectamente cómo en realidad ese murciélago no es otro que mi sombra y describe el proceso de encuentro con ella: rechazo primero y luego aceptación.
Vayamos ahora a contemplar esta carta. En el tarot marsellés la figura del Diablo es un hombre que está de frente, en una de sus manos sostiene una espada con la mano izquierda que representa el aspecto inconsciente y alza la otra en forma descuidada. Tiene alas de murciélago y en tu torso hay pechos de mujer, las manos y los pies tienen las garras de un ave depredadora. Está parado sobre un pedestal. Hay otras dos figuras masculinas pequeñas que están de espaldas a él, se encuentran atados por una soga que tienen en su cuello. El aspecto del Diablo es confuso, es un hombre mitad animal con pechos de mujer, porque él en realidad es confuso. Sus atributos animales están relacionados con lo instintivo, los femeninos con aquellos aspectos involucionados de lo femenino, la seducción y el magnetismo que devienen en maniobras manipuladoras y que son utilizados con fines egoístas. La espada que lleva en la mano izquierda es sostenida descuidadamente a diferencia del Arcano de la Justicia que la sostiene con autoridad, lo cual indica que la relación con el logos es totalmente inconsciente. Las alas del diablo son de murciélago. Este es un animal que nos da rechazo porque parece atentar contra el equilibrio de la naturaleza: un ratón con alas parece ser un macabro error. Es un animal nocturno, se cuelga de las cavernas de cabeza y sale a volar de noche cuando todo duerme, chupa la sangre, su mordida es pestilente y contagiosa de enfermedades. El aspecto del Diablo es desagradable porque este conglomerado de partes nos conecta con lo siniestro, con la desarmonía, es un atentado a las leyes de la naturaleza. Sentimos un profundo miedo y rechazo. Sin embargo, hay un aspecto seductor y magnético en el Diablo. Creo que al llevarnos a un terreno desconocido nos sentimos seducidos por el vértigo, luego también creo que inconscientemente intuimos que algo interesante se esconde detrás de él, como toda energía lleva implícita los dos opuestos, el aspecto yang, la luz también está presente en el Diablo, una luz que va a iluminar definitivamente nuestra vida si sabemos descubrirla. Los dos personajes que lo acompañan están de espaldas, lo que simboliza que no son conscientes al dominio del diablo, de hecho están esclavizados, atados a él, aunque no lo saben. Y en tamaño son pequeños y deformes, lo cual se relaciona con su involución. A diferencia de la carta del Hierofante cuyos personajes lo miran directamente a él buscando consejo, el Diablo no es frontal, maneja los hilos sin que ellos sean conscientes. Siguiendo el esquema propuesto por Nicholls el Diablo se encuentra en el último estadio del camino del loco. Por encima de el se encuentra El Mago y la Justicia. El Diablo es la sombra del Mago, recordemos el aspecto sombrío de este: manipulador, mentiroso, estafador. A diferencia de la Justicia que busca el equilibrio y la reparación apelando a darle a cada uno lo suyo, el Diablo es el desequilibrio personalizado y no lo mueven valores trascendentes sino la búsqueda de sus propios placeres materiales. El Diablo es “el obstáculo” en el camino del Loco, que soportó su propia muerte y renació, se dejó sanar por las aguas de la Templaza, si verdaderamente ha salido airoso de estas pruebas, el encuentro con el Diablo no será una experiencia traumática, si lo es implicará que todavía hay ciertas cosas que se niega a abandonar. De todos modos si no logra hacerlo la vida lo hará por él cuando se enfrente a la Torre, nuestro próximo arcano.

 

La Templanza: El Angel Alquimista


PALABRAS CLAVE: EL PUNTO JUSTO – MODERACIÓN – ALQUIMIA – CIRCULACIÓN – FLUIDEZ – CALMA – DESTREZA - CAUTELA - CONFIANZA - PAZ - AMOR UNIVERSAL


Cuando era chica mis padres solían decirme que todo tenía solución menos la muerte, y es cierto la muerte es inevitable, inexorable, y una vez instalada no tiene remedio. Sin embargo, esa era solamente una mirada que se quedaba en lo ya no existente, en lo que se perdió y nunca más va a regresar. Afortunadamente, al arcano numero trece le sucede la Templanza, quien va a realizar la magia de transformar lo muerto en una energía vital, quien va a demostrarnos que lo que tenemos por muerte no es más que un renacimiento, una transformación y finalmente nada se ha perdido realmente, simplemente ha tomado otra forma.
¿Quién es entonces este ángel que se nos aparece así? Ciertamente es una visión mucho más amorosa y agradable que la del esqueleto de la muerte que nos provocaba horror. Su sola imagen nos produce una sensación de paz. El tarot marsellés nos ofrece la figura de un angel que intercambia agua a través de dos cántaros. La primera imagen que se nos representa tiene que ver con el signo de Acuario, simbolizado por el hombre que derrama el cántaro y lo vierte a favor de la humanidad. Acuario tiene que ver con la circulación de las ideas nuevas, que vienen a desplazar a las estructuras antiguas que se habían construido en Capricornio. Estamos frente a una energía colectiva más que individual, aquí nuestro héroe empieza a verse a sí mismo como parte de un todo que lo abarca y lo contiene.
Dice Sallie Nichols que el Angel de la Templanza es una figura crucial en la secuencia del tarot, ya que comprenderla nos va a permitir seguir avanzado en nuestro camino de evolución hacia los demás arcanos. Podemos pensar en mucha cantidad de opuestos que se encuentran en esta figura, el rojo y el azul simbolizando la carne y el espíritu, el ying y el yang, etc. Sin embargo quien realiza esta alquimia no es ni siquiera una figura humana, es el angel como energía mediadora quien con sumo cuidado y moderación va a proceder a mezclar el fuego con el agua y a producir esta nueva energía. Aquí no hay lugar para la participación del ego. “Desde siempre – dice Nichols – los ángeles han sido mensajeros alados del cielo, significando psicológicamente con ello que representan la experiencia interior de una naturaleza numinosa que conecta al hombre con el mundo arquetípico del inconsciente”. Estas son la visiones que se nos aparecen en nuestra vida en forma de sueños, corazonadas, frases, y que tienen por objetivo el guiarnos en el camino de nuestra evolución. Estas experiencias marcan giros cruciales en nuestras vidas. Sin embargo, el angel de la templanza no hace estruendo, hace su trabajo cautelosamente pero con fuerte presencia, para demostrarnos que aunque hayamos estado demasiado ocupados en nuestros asuntos terrenales, o alimentando la tiranía de nuestro ego, el siempre ha estado ahí para nosotros. El angel viene a traernos un mensaje y cuánto lo necesitamos después de todo lo vivido en el arcano anterior: la muerte nos despedazó, nos despojó de lo que creíamos “nuestro”, nos dejó desolados, aturdidos, desesperanzados, totalmente a oscuras. Viene a restaurar lo que puede ser transformado. “Paciencia y fe” dice Nichols “Hay potencias que trabajan en el universo y ti mismo y que se encuentran más allá de la experiencia cotidiana. Cree en esas corrientes profundas de la vida y déjate arrastrar por ellas”. Este es el mensaje que nos trae. Un mensaje de esperanza, de paz, de amor y de sanación.
La idea del infinito y de la unión de los opuestos se había hecho presente en el sombrero de El Mago y de La Fuerza, aquí se encarna en los dos recipientes por los que circula una nueva energía vivificante que comienza a fluir en otra dirección.
Dice Sallie Nichols que La Muerte nos enfrentaba con el tiempo, pero a la vez llevaba a nuestro héroe a una dimensión atemporal si es que podía enfrentarse a esta realidad, La Templanza establece una conexión entre el mundo temporal y el mundo de lo eterno, lo conecta con lo sagrado. De esta manera nunca más volverá a sentirse solo. En realidad la ayuda del angel no es algo meramente simbólico sino que verdaderamente es necesaria su presencia para que el mundo del inconsciente y de la conciencia no se invadan y se sucedan hechos desafortunados.
Templar significa buscar el punto justo, el equilibrio pero hace falta calma y paciencia para llegar a ese punto, además de destreza. Ciertamente no es fácil: no perder la calma en el mundo en que vivimos y por sobre todo confiar en lo que la vida se lleva y en lo que nos traerá. Mediante el tránsito de la muerte aprendimos a despojarnos, pero aunque haya sido una experiencia desgarradora este Arcano nos brindó su presencia amorosa. Nos propone entonces confiar, dejarnos sanar así cuando nos enfrentemos a nuestro próximo arcano El Diablo, El Enemigo, El Angel Oscuro podamos contemplar su rostro sin temor y con todo el amor que aprehendimos hará que de tanta oscuridad pueda finalmente emerger mucha luz.

La Muerte: Todo se Transforma

PALABRAS CLAVE: DESTRUCCION - RENACIMIENTO - CRISIS - SOLEDAD - TRANSFORMACION - FERTILIDAD

La carta anterior nos enfrentaba con el arquetipo de la iniciación, a través del sacrificio de todo lo conocido hasta el momento nuestro héroe padecía una suerte de castigo e inmovilidad que le obligaba a detener su camino y reflexionar. Sin embargo ese estado no ha de durar para siempre y es seguido por el arcano número trece, La Muerte que trae consigo la destrucción de lo existente y la consecuente transformación de lo viejo en lo nuevo.
El dibujo de la carta del tarot marsellés nos muestra a un esqueleto con una guadaña y a sus pies las cabezas y miembros de varios personajes, entre los que vemos a quien aparenta ser un rey. Dice Sallie Nichols que ese desmembramiento que sufre nuestro héroe está representado en la carta por las cabezas (ideas), puntos de vista (pies) y actividades (manos). Todo aspecto de la vida anterior ha sido triturado e incluso el principio guía representado por la cabeza del príncipe que era el conductor del arcano n° 7 El Carro. Sin embargo, nada se ha perdido, todo está a punto de renacer. La muerte es nada más que la otra cara de la vida. Dice Nichols que en muchas culturas primitivas todos los años se mata simbólicamente al rey desmembrándolo y comiéndolo ritualmente para asegurar fertilidad a las cosechas nuevas y a la revitalización del reino. Las iglesias cristianas conservan hoy esta idea en la comunión. La idea de la revitalización la encontramos en esta carta en los brotes que surgen de la tierra.
Para Robert Wang la muerte es el tema principal de la filosofia y la religión porque los misterios de la muerte son los misterios de la vida. La muerte es también una preocupación primaria en las investigaciones de Jung. Y a pesar de que sus comentarios en ese tema son de alguna manera eclipsados por sus postulados del inconsciente colectivo y de los arquetipos que habitan ese reino, sus conclusiones acerca de la naturaleza y significado de la muerte están entre sus más importantes contribuciones. Jung creia que las religiones idealmente servian al propósito de prepararlo a uno para la muerte, a pesar de que el expresó preocupación acerca de que ciertas formas de la actividad religiosa eran extremistas al establecer que el único valor real en la vida es la camino de entrada hacia la muerte.
Las ideas acerca de la carta del tarot de la muerte han evolucionado significativamente desde las simples explicaciones de los artistas de la iglesia medieval cristiana. Hoy la filosofia del tarot tiene mas en comun con las religiones orientales que con el cristianismo. Además como arquetipo de la transición la muerte es descripta por un pasaje en los Uspanishads que dice que el arbol de samsara o el universo relativo, es caracterizado por una continua serie de nacimientos y muertes, sin comienzo ni final. La única manera de cortar esto es a través del conocimiento y la realización de la identidad del atman con Brahman. El Katha Uspanishad enseña que el reino de la muerte que trae la enfermedad y la vejez tiene poder solo sobre aquellos que están atrapados en el ciclo de la tierra. Aquellos que logran fusionarse con los opuestos no son mas sujetos de la muerte sino que experimentan la vida cósmica hasta el fin de ese ciclo, cuando son absorbidos a la pura conciencia.
La unión de los opuestos es por supuesto lo que los místicos occidentales llaman la conjuntio, el matrimonio místico de los opuestos simbolizado por el sol y la luna, hombre y mujer, conciente e inconsciente. El medio para la ultima reunión de estos opuestos, y del escape del sufrimiento humano, es el tema principal de los misterios orientales y occidentales.
La idea es muy claramente expresada por los gnósticos cristianos. En, por ejemplo, El Gospel de Philip, el autor valentiniano atribuye la muerte a la separación de Eva de Adán (del hombre original de la mujer original). “Si la mujer no se hubiese separado del hombre” el escribió, “ella no se hubiera muerto con el hombre. Su separación se convirtió en el comienzo de la muerte. A raíz de esto Cristo viene a reparar la separación y a reunir a los dos.
Una particular influencia en las actitudes acerca de la muerte en el misticismo occidental fue la kabalah que comenzó a atraer la curiosidad de los intelectuales en Occidente después de la expulsión de los judios de España en 1492. Este kabalismo tardio de quien Isaac Luria fue el primer exponente, enfatizó la muerte y el renacimiento como un proceso de evolución, la trascendencia de lo que conduce a la unión con Dios.
Yendo al ambito de lo psicológico la sensación que uno tiene cuando se conecta con este arcano, es la de estar hecho pedazos, totalmente destruido y desorientado, todo está tirado por el suelo como si un inmenso huracán hubiese entrado en nuestras vidas sin previo aviso y no pudiésemos más que contemplar los despojos sin saber cómo seguir. Nos sentimos llenos de terror y espanto. Todo nuestro mundo entra en crisis. La clave para superar este momento es recuperar el centro, en medio del cambio, tomarse un tiempo para acomodarse a esta transición, la muerte es una energía ying que requiere tiempo para asimilar el proceso y poder ver con claridad. En realidad lo que se juega en este momento, a lo que nos enfrenta la vida es al desapego, conocemos la pérdida y nuestro ego sufre. Decimos “mi” marido, mi casa, mi hijo ... como si nos pertenecieran y luego un día nos damos cuenta que nada es nuestro, o lo más duro aún es asumir que nunca lo ha sido, ni aún lo relativo a nuestro cuerpo nos pertenece. Cada muerte, cada duelo, cada pérdida nos prepara para nuestro viaje final. Sin embargo, es una idea difícil de aceptar, en especial para el hombre occidental. Nos cuesta aceptar los cambios y lo desconocido. Pero aunque "olvidemos" a la muerte ella no se olvida de nosotros.
Es interesante como el esqueleto suele ser el símbolo de la muerte, ya que es en realidad lo que permanece aún después de la descomposición de la carne, aquello que nos identifica, lo más verdadero de nosotros mismos y según Nichols es símbolo de movimiento y a la vez de estabilidad, el marco sobre lo que todo lo demás se apoya, se mueve y funciona como una unidad y es también lo que permanece a través del tiempo. En realidad el esqueleto simboliza nuestro sí mismo, la verdadera esencia que permanece cuando todo lo demás se ha perdido.
Según Jung quien no sabe morir no sabe vivir. Quienes han tenido un contacto directo con la muerte y han sobrevivido encuentran en sus vidas otros significados más profundos. A medida que uno entiende que aceptando la finitud de las experiencias y ejercitando el desapego que es en definitiva aceptar a la muerte como parte de nuestra realidad, puede uno comenzar a vivir más intensamente. Quien niega a la muerte niega la vida. El no fluir con la muerte simbólica es buscar la propia muerte, ya que la negación de la muerte como de cualquier otra cosa la traerá como destino. Si la tentación de no evolucionar, de resistirnos a los cambios, de permanecer como el arcano anterior, paralizados y colgados de estructuras perimidas, es demasiado fuerte entonces la muerte puede aparecer disfrazada de enfermedades, accidentes, actividades autodestructivas etc, el cambio llega aunque lo tratemos de evitar, lamentablemente aún cuando podamos ampliar nuestra perspectiva, puede ser ya tarde para modificar el rumbo de nuestra vida.
En el tarot junguiano vemos a un esqueleto con su mortaja caminando por un puente que a medida que avanza se desmorona, a medida que la muerte se hace presente lo viejo muere, las viejas ideas caen, lleva una guadaña que corta y limpia el terreno, se asocia con el planeta Saturno. A lo lejos se ve un caballo que representa lo instintivo, todo aquello que nos genera apego, la mujer representa a la madre que contempla horrorizada a su hijo, La Muerte, la madre que da vida y a la vez también mata.
Así la Muerte ha pasado por nuestro camino, transformando el paisaje, y al héroe. Ya nada será igual, pero si él ha sabido asimilar la experiencia seguramente ahora podrá “vivir” con intensidad y se dejará fluir con el angel de La Templanza – nuestro próximo arcano – en la recuperación de aquello que pueda ser recuperado, la sanación de las heridas y la revitalización de la conciencia.

martes, octubre 30, 2012

El Colgado: La Muerte Simbolica

PALABRAS CLAVE: SACRIFICIO – PARÁLISIS – ILUMINACIÓN – PRUEBAS – RITO DE PASAJE – INICIACIÓN – DESCONCIERTO - TRAICION


“El verdadero viaje de descubrimiento no consiste en buscar nuevos paisajes sino en tener ojos nuevos” Marcel Proust

En este camino hemos visto que nuestro héroe incorporó a su conciencia las figuras imponentes de los primeros arcanos que se corresponden con los dioses, o sea con el mundo del inconsciente colectivo, se decidió a abandonar su comodidad, se subió a su propio carro, aprendió a lograr su propio equilibrio y a responsabilizarse por sus actos, y dominó su bestia interna, a tal punto que la convirtió en su aliada. En la última carta – la Fuerza – habíamos visto a un héroe con su vitalidad renovada, lleno de coraje y de energía. Pero habíamos dicho que se necesitaba una gran dosis de dulzura, calma y entendimiento para domar a esa bestia, y que tanto si la ignorábamos como si la maltratábamos cual animal de circo, esta se nos iba a revelar. Así mismo como en la carta del Carro este arcano nos advertía del peligro de alimentar a la bestia con emociones y excesos y engrandecerla aún más, los peligros del ego de los que tanto hemos hablado se nos hacían presentes nuevamente, como una advertencia en esta carta. Pareciera que si esta lección no ha sido aprendida aún, en la experiencia del Colgado el aprendizaje se vuelve indispensable ya que la carta número trece La Muerte irrumpirá llevándose todo aquello a lo que nos apegamos y hay que abandonar. El Colgado viene a poner un freno a ese orgullo desmedido tal como en su momento lo hizo la Justicia frente al desenfreno del Carro y nos prepara para la próxima carta, la Muerte. Cuando estamos frente a esta carta nos produce una sensación extraña. En el tarot marsellés vemos a un hombre atado por uno de sus pies a un patíbulo entre las ramas de dos árboles (símbolo de lo materno) con la cabeza hacia abajo, con las manos en su espalda aparentemente atadas también y con una de sus piernas haciendo un cuatro (símbolo de la materia, es el numero del Emperador). Los árboles crecen al borde de un precipicio, un barranco. A pesar de que su postura es incómoda no se lo ve sufriendo, su cara está sonriente. Sin embargo, el solo imaginarnos a nosotros mismos en esa situación nos produce impotencia. En la antigüedad, ser colgado por los talones y ser golpeado (generalmente hasta la muerte) era un castigo inflingido a los caballeros culpables de mentir, de cobardía, o deserción. Vemos también que su cabeza se encuentra casi sumergida en la tierra, que simboliza la materia. Finalmente podemos concluir que está en un estado de regresión. El árbol truncado representa a la madre, el colgado está encerrado en una especie de ataúd, está suspendido entre dos polos gemelos: muerte y nacimiento.
Dice Robert Wang que cualquiera sean los orígenes del Colgado, es una carta a la que se le han relacionado algunas ideas profundas, el S. XIX los oculistas ingleses y franceses fueron los primeros en sugerir que la carta podría representa una condición de autosacrificio que conduce al conocimiento directo de la vida y la muerte. Como fue enseñado por una fraternidad ocultista: el Colgado es sacrificio – la sumisión de lo elevado en lo inferior para finalmente sublimarlo. Es el descenso del espíritu en la materia, la encarnación de dios en el hombre, la sumisión a los huesos de la materia que hace que lo material deba ser trascendido y transmutado. ¿Cuál es el propósito que subyace a esta sumisión? ¿Quién ha puesto a este hombre boca abajo, se ha sometido él mismo a esta situación o ha sido el destino?
El arquetipo con el que nos encontramos en este caso es el del sacrificio.
El sacrificio ha estado ligado a la humanidad desde siempre. Dice Robert Wang que la historia de las religiones es la historia del sacrificio en distintos niveles. Embebida en cada cultura – desde la pagana hasta las más complejas sociedades industriales – subyace la idea que el sacrificio, de una forma u otra, es esencial para el progreso. En la antigüedad la ofrenda de la vida humana se hacía para apaciguar a los dioses y para persuadirlos de brindar buena fortuna. En todas las culturas, el sacrificio expresaba una relación entre lo individual y la conciencia colectiva (los dioses).
En la sociedad moderna el arquetipo del sacrificio está presente aunque de manera diferente. Si bien algunas comunidades aborígenes fieles a sus tradiciones continúan haciendo sacrificios a sus dioses en las fiestas determinadas, el hombre urbano también hace los suyos (las promesas a sus dioses, santos que muchas veces se traducen en peregrinaciones a determinados sitios sagrados, etc). También podemos ver claramente este arquetipo cuando en una crisis provocada por un miembro del gobierno a este se le pide la renuncia o este sacrifica su puesto para evitar el oprobio popular, se exige un sacrificio en función de conservar el orden y el bienestar general, la idea del sacrificio genera alivio y la sensación de que es necesario para que las instituciones puedan seguir progresando.
Se podría afirmar que la historia del sacrificio de la vida humana es la historia de la interpretación por las distintas culturas, del verdadero valor de la vida. Sin embargo, a los ojos del hombre occidental el sacrifico humano puede resultarle horrible y brutal. Los españoles se horrorizaron cuando conocieron los sacrificios humanos que efectuaban los aztecas, por ejemplo, sin hacerse cargo de que ellos decían evangelizar por el bien de los aborígenes, pero en realidad también mataban “en nombre de dios” con el propósito de enriquecerse. Por el contrario los aztecas ofrecían las vidas de los sacrificados a los dioses en favor de la comunidad y generalmente las víctimas lo eran por propia elección ya que ellos creían que iban a un mundo mejor.
Ya hemos mencionado lo destructivo y peligroso que puede ser que una persona haga carne un arquetipo. En ese caso si lo que está en juego es el arquetipo del sacrifico estamos frente al mártir o al suicida. En algunas culturas el sacrificio de la propia vida era visto con buenos ojos. Dice Robert Wang que al principio el suicidio fue aceptable para la temprana sociedad cristiana – especialmente a principios del siglo IV - que incentivó el auto-sacrificio como un camino al martirio y por ende a la salvación eterna, concepto que luego se modificó considerándose a los suicidas los “mártires de Satán”. El suicidio también ha sido ensalzado en la Roma antigua así como también en China y Japón. En la India, el suicidio fue considerado un privilegio especial, un premio para los ascetas quienes han logrado perfección en esta vida. Desde que se creyó que los suicidas nunca retornaban a la tierra, al tomar su propia vida el hombre sagrado hacía terminar el ciclo del nacimiento y la muerte a la que todo hindú estaba condenado.
En la era actual debido a la distinta valoración de la vida humana el suicidio no tiene la misma significación. Pero lejos de que una persona se quite la vida esta puede someterse a “castigos” por propia elección y en ese sentido decimos que está tomada por el arquetipo del sacrificio. En realidad se produce un desentendimiento del sentido del arquetipo. El arquetipo de la iniciación que está íntimamente ligado a aquel tiene que ver con la muerte simbólica de la personalidad, se trata de que la persona se conecte con “la muerte”, la comprenda pero de una manera inmaterial, se relaciona con la exfoliación de todo aquello que ya no podemos continuar cargando, y con el renacer a una nueva vida, el ciclo muerte-resurrección. Sin embargo, hay quienes se quedan en el primer estadio (la autoflagelación), interpretando el símbolo literalmente sin entender el verdadero significado.
El sacrificio no es sólo atributo del hombre, sino también de los dioses. Encontramos el sacrificio en la cruz del hijo de Dios, Cristo, y la del escandinavo dios Odín, generalmente llamado “El dios de los Ahorcados”. Odín cuelga voluntariamente nueve noches en el árbol “Guardián” llamado Yggdrasil, para aprender la sabiduría de la muerte. Después de nueve noches Odin vuelve de la muerte, renovado y retorna con el oráculo de las runas para entregárselo a la humanidad.
Dice Robert Wang que el arquetipo de periódico auto-sacrificio de dios demuestra la renovación de la energía vital. Entonces, como una expresión arquetípica el “evento” del sacrificio de Cristo debe repetirse regularmente. El significado de esos mitos, para Jung, es que son arquetípicas descripciones del curso natural en la conciencia de cada persona.
¿Qué ocurre entonces cuando estamos en un momento en el que gobierna el Colgado? Por empezar la vida nos ha puesto un freno y por más que pataleemos e intentemos zafarnos más vamos a enredarnos. Quizás el carro iba a mucha velocidad y ni siquiera nos dimos cuenta, fuimos incapaces de domar nuestra bestia interna y toda esa energía se convirtió en una enfermedad. Lo cierto es que estamos aquí suspendidos y con la cabeza dada vuelta. La vida nos obliga a mirar las cosas desde otra perspectiva, seguramente en esta posición podemos apreciar el mundo con otra mirada. Probablemente la razón ya no nos sirva, de hecho la cabeza – como centro del pensamiento – se encuentra cerca del suelo en una posición casi humillante. Quizás a partir de este momento podamos conectarnos con la intuición. Nos sentimos impotentes y humillados, nada de lo que habíamos aprendido nos funciona. Pareciera que no vamos a tener otra alternativa más que descansar, abrir nuestra mente y aceptar. En estos momentos no debemos olvidar que si logramos “ser iniciados” por la vida, superar esta prueba, resurgiremos renacidos. Aunque nos sintamos morir nada va a ocurrir, la muerte es simbólica, aunque en esas noches oscuras sintamos como Jesucristo en la cruz que hemos sido abandonados por el padre. La clave es esperar, ser pacientes, dejar ir. Los monjes budistas dedican toda su vida a alcanzar la iluminación. Sin embargo, el hombre occidental puede alcanzar la iluminación no como un estado único sino en ciertos momentos de su vida en los que comprende a la vida y por ende a la muerte, y con ese entendimiento aprende a ver su propia existencia y el mundo, desde una optica diferente. A partir de este momento en que “sacrificamos” nuestra individualidad, comprendemos que no estamos aislados, que somos parte de un cosmos, todo es maya, todo es ilusión, todo es existencia psicológica, todo muere y todo renace. Dice Sallie Nichols que a diferencia de los animales de la Rueda de la Fortuna que se encuentran sometidos a los vaivenes de la rueda de la vida, aquí el Colgado puede ahondar en el significado de la experiencia y capitalizarla. Continúa diciendo que “el estar colgado sobre el limbo es una posición llena de ambigüedades: por un lado cuelga uno precariamente sobre el abismo pero, visto desde otra perspectiva se le ha impedido caer al fondo del barranco”. Y eso explica en parte porque nuestro personaje sonría aunque este estado no sea agradable, quizás aún no se haya conectado con la posibilidad de transformación de esta experiencia, pero cuando el Colgado se libere y dance libremente como en la carta del Mundo, se sentirá agradecido a la vida por esta oportunidad liberadora y transformadora.
En el tarot junguiano Robert Wang ha puesto énfasis en la serpiente, que está envuelta alrededor del cuerpo de la figura “colgada” en el espacio. Esto sirve para expresar la importancia de la serpiente (la energía kundalini) el enérgico aspecto de la libido en el proceso por el cual uno regresa, para usar términos junguianos, al inconsciente colectivo. En el tarot la serpiente es en definitiva la del Mago, es el ouroboros que toma su cola en su boca.
La serpiente es de hecho, el instrumento del sacrificio: es a través de quien Adán y Eva son arrojados del paraíso, obligados a abandonarlo todo, iniciados a una nueva vida, en definitiva, liberados.
Esta idea que la transformación y la renovación sucede a través de la serpiente es un arquetipo que se encuentra a lo largo de la historia, y es quizás mejor expresado por el Kundalini Yoga.
Con respecto al número doce, el número del arcano del Colgado, dice Sallie Nichols que marca el tiempo de la vida humana que divide las horas diurnas de las nocturnas. También se corresponde con los doce signos del zodíaco, doce son los apóstoles de Jesús porque paradójicamente uno de los trece que eran originalmente – Judas – es quien lo traiciona y termina colgándose a sí mismo, El doce es un numero que simboliza la completitud, y nos prepara para la trascendencia del ciclo cumplido. Y quizás así iluminados por esta experiencia seamos capaces de recibir a la Muerte con una sonrisa.

 

LA FUERZA: Pasión y Ternura

PALABRAS CLAVE: INSTINTO - LIBIDO - PASION - MODERACION - CALMA - DULZURA - DESEO - ORGULLO

Nos hemos preguntado alguna vez, ¿de dónde surge esa energía que en situaciones límite nos permite hacer cosas impensables?. Qué hace que una madre resista noches enteras sin dormir al lado de la cama de su hijo enfermo, cómo es posible que en el momento en que debemos ayudar a alguien nos venga a la mente aquel curso de primeros auxilios que hicimos hace muchísimos años y que creíamos no recordar. ¿Y por qué alguien frente al comentario de otro reacciona ferozmente dejándose llevar por ese impulso que puede terminar ocasionando mucho daño? Dice Robert Wang que fue Frued quien propuso la palabra latina libido, que significa fuerte deseo, o lujuria como un término descriptivo de lo que se entiende por “instinto sexual, usualmente dirigido a un objeto externo". Jung, sin embargo, viéndolo con una mirada filosófica más amplia, llamó libido a una energía psíquica general. Debemos considerar, él dijo, “cada esfuerzo, cada deseo, incluido el hambre y el instinto como fenómenos de energía iguales”. Jung formuló la equivalencia entre la libido y lo que Shopenhauer dijo: "la voluntad es una cosa en sí misma, sin sujeto ni objeto”. Encontramos entonces dos conceptos básicos de la carta de la Fuerza: libido y voluntad. Si bien podríamos decir que la voluntad, el coraje, son características típicas de lo masculino, propias de héroes y guerreros, la carta de la Fuerza nos propone una figura de mujer. Estamos frente a otra versión del arquetipo de lo femenino. Habíamos visto dos caras distintas de lo femenino, la Suma Sacerdotisa que era su aspecto ying y la Emperatriz que era su aspecto yang, el germen y lo fructificado. También habíamos dicho que primera la hilera de arcanos se correspondía con el reino de los dioses, dicho en otras palabras, como aquellos representantes del inconsciente colectivo. Sin embargo, en el Joven Enamorado nos encontrábamos con el primer drama humano. Podemos decir que La Fuerza es la cara femenina del Joven Enamorado, es el arquetipo de lo femenino (el anima) encarnado en lo individual, y por ende más cercano a la experiencia humana. Acá ya no estamos nadando en las aguas inconscientes de la Suma Sacerdotisa, aquí nos encontramos por primera vez con la pasión humana. Pero esta pasión es “actuada” por la suavidad de lo femenino. Estamos frente a una mujer vestida con ropas acordes a su época, que nos hace verla como culta y refinada. En el tarot marsellés lleva un sombrero que nos recuerda al del Mago, ya que como él esta mujer tiene sus propios poderes, aunque no lleva una varita mágica, su poder reside en sus manos, con ellas sostiene las fauces del león, su magia es más humana, directa y personal.
El héroe (el Joven Enamorado) sigue el camino de su corazón y se sube al propio Carro, se hace responsable de las consecuencias de sus actos a través de los dictados de la Justicia, se vuelve un Ermitaño, reflexiona en soledad y escucha a su sabio interno, luego entiende que en la vida todo es cíclico, y que la falta de conexión con nuestros instintos puede ser catastrófica. Ahora le toca aprender cómo realizar esa conexión. Estamos viendo que no será utilizando la fuerza entendida en términos masculinos sino todo lo contrario. Dice Sallie Nichols que “con su ayuda el héroe se dará cuenta de las fuerzas instintivas que lleva adentro. Aprenderá a sacrificar los poderes del ego a otro tipo de fuerza. Su conducta masculina se modificará mediante un acercamiento hacia lo femenino. Esta nueva forma de funcionar, lejos de resultar afeminada es muy poderosa”.
En otras cartas del tarot también habíamos visto animales. En el loco el héroe se paseaba junto a un perro en el caso del tarot marsellés, luego en la Rueda de la Fortuna aparecían monos vestidos con ropas humanas, aquí nos encontramos nada más y nada menos que con un león, como dice S. N. “una bestia demasiado salvaje para que el héroe le haga frente y demasiado peligrosa para que la ignore”. Pero este acercamiento a las fuerzas del inconsciente no debe hacerse frontalmente sino indirectamente a través de la mediación del ánima tal como hace Beatriz cuando guía a Dante en el infierno y en tantas otras historias, mitos, leyendas. La mujer (el ánima) es la mediadora entre el ego y el sí mismo del héroe. En la “Bella y la Bestia” por ejemplo, vemos que cuando la mujer aprende a amar y aceptar el aspecto inconsciente del héroe consumido por su bestia interna, aquel que en un principio le causaba rechazo, este no sólo se libera sino que se transforma y recupera su poder personal. Tal como Hércules que una vez que vence al león de Nemea en una caverna (que simboliza el inconsciente) se vuelve invencible cuando se pone su piel sobre su cabeza. Para citar algo más contemporáneo en los comics el héroe y el villano poseen atributos de animales, en realidad tienen una mitad humana y una mitad animal. Ambos comparten un pasado de dolor, pero mientras que el héroe ha podido curar las heridas de su animal interno y ha sabido aprovechar sus potencialidades a su favor, el villano se queda atrapado en el dolor, en el resentimiento, en el enojo de su bestia que sólo busca destruír.
La dama de la Fuerza se encuentra detrás del león, no está de frente aunque su relación con el no deja de ser directa, ella sabe entender la naturaleza instintiva del león, ella sabrá alimentarlo cuando aquel lo necesite, ya que de no hacerlo el poder de los instintos desenfrenados, el arrebato de las pasiones, el exceso de ego, podría resultar destructivo. Así como en la historia de la “Bella y la Bestia” esa última se volvía más rabiosa cada vez que la bella lo rechazaba de ese modo se vuelven más poderosos e indomables nuestros instintos. Y esto podría terminar causándonos una enfermedad psicosomática, ya que toda esa libido contenida, puede acabar manifestándose en el cuerpo físico, de alguna manera el león encontrará la forma de pegar el zarpazo y se liberará. O quizás seremos los protagonistas de un hecho violento que no pudimos evitar ... ¿Qué no pudimos evitar? Sin embargo, hacer que nuestro león se sienta cómodo, amado, que esté sano y bien alimentado no significa desatarlo cada vez que se nos antoja. No se trata de la cantidad de control sino de su calidad. Aniela Jafé distingue al hombre primitivo del hombre contemporáneo en su relación con sus propios instintos: “Los peligros que atemorizan al hombre civilizado son los instintos suprimidos o lesionados; los peligros que atemorizaban al hombre primitivo eran los impulsos desenfrenados. En ambos casos el “animal” se ve alienado de su naturaleza verdadera y para ambos la aceptación de su alma animal es la condición para la plenitud y vivencia total es la condición para su plenitud y vivencia total de la vida. El hombre civilizado debe cuidar al animal que lleva adentro haciéndose su amigo”.
Dice Sallie Nichols que hay un debate acerca de qué está haciendo la dama con sus manos, si está abriendo o cerrando las mandíbulas del león. Quizás intencionalmente se haya permitido esta ambigüedad. Hay momentos en los que el león necesita gritar, rugir y otros en los que debe callar y aprender paciencia y moderación. También se pregunta “¿La carta titulada La Fuerza se refiere a la dama o al león? Quizás a ambos – contesta – pues cada una de ellas es una figura muy poderosa: su fuerza procede del compromiso mutuo. La dama se compromete a cuidarlo y el león a ser su más leal defensor. Esto implica que cuando somos capaces de integrar nuestra "sombra", nuestos aspectos oscuros en lugar de negarlos descubrimos esas potencialidades dormidas y los ponemos a nuestro servicio. Podremos utilizar las garras del león cuando realmente lo necesitemos.
Volviendo al símbolo del león este se vincula con el poderío y la soberanía, este es un animal solar. También simboliza la justicia y la sabiduría como los leones del trono de Salomón. Los hindúes consideran a los leones superiores a los hombres porque el león es símbolo de reencarnación. Los animales salvajes en general dice Jung son símbolos de autorrealización porque son fieles a su naturaleza instintiva, la cual es pura e incorruptible. Especialmente el león, con su corona y barba dorada es símbolo del poder de la psique, su sol central, el sí mismo.
En el tarot junguiano encontramos a una mujer, también detrás de un león rojo. El color rojo del león ha devenido tradicional en el tarot por la referencia alquímica del siglo XVI con relación al “león rojo”, en el proceso de convertir el plomo en oro. En la iconografía occidental el rojo es también el color del pecado, el escarlata es el color del la Gran Prostituta de Babilonia y su bestia. Como en la carta de la Suma Sacerdotisa las velas flotan en las aguas de la conciencia. Estas forman un triángulo de luz que es el aspecto femenino de la estrella de seis puntas. La cueva oscura desde la cual las aguas fluyen adentro y afuera representan el canal entre la mente consciente y inconsciente. Aquí también posa su mano en la cabeza de un león. Su función, como la Hija Virginal, es la de ser la domadora de la energía sexual que deviene del Joven Enamorado. Como todas las figuras femeninas en el tarot, ella es un principio organizativo. Más aún, en términos junguianos, esta carta describe la profunda interacción de los costados masculinos y femeninos de Mercurius (la Prima Materia) como ellos se expresan así mismos en la manifestación. Vemos aquí el aspecto inconsciente de la carta. Sin embargo, S. N. nos dice que tenemos un camino que nos permite tomar contacto con el animal que llevamos dentro y ese camino son los sueños. “Quizás nuestra alma animal herida y perdida viene a nuestro encuentro buscando ayuda”. Seamos tiernos ...

 

La Rueda de la Fortuna: Lo Unico Permamente es el Cambio

PALABRAS CLAVE: OPORTUNIDAD - DESTINO / LIBRE ALBEDRÍO - MOVIMIENTO - AZAR - CAMBIO


"Todo va, todo vuelve; gira eternamente la rueda del ser ... Tortuoso es el sendero de la eternidad" Niestzche

“La vida humana rueda inestable como los radios de una rueda de carro” Anacreonte


Este estado de pasividad y reflexión con el que nos conectaba El Ermitaño y cuyo objetivo era la búsqueda de la propia sabiduría no podía durar para siempre. Como habrán observado el camino del tarot es un sistema de pesos y contrapesos, frecuentemente las cartas ying van precedidas por cartas más activas, lo que alude a lo cíclico, con esto resumimos un poco el título de nuestro arcano de hoy.
En la vida cotidiana la rueda es fundamental y esto es algo que comprobamos a diario, en la antigüedad surge para facilitar la vida del hombre: sirve para que sus construcciones se puedan hacer en menos tiempo y con menos esfuerzo, puede trasladarse él mismo y así interactuar con el entorno que lo rodea. El simbolismo de la rueda es rico en las distintas culturas. Simboliza los ciclos, las repeticiones, las renovaciones. Es un símbolo solar en la mayor parte de las tradiciones, también se revela como un símbolo del mundo, siendo el centro inmóvil el principio del que emana el movimiento, el remolino incesante de la manifestación. La rueda que el Buda pone en movimiento es la “rueda de la ley”, la ley del destino humano. La “rueda de la existencia” del budismo tibetano está basada en la idea de las mutaciones incesantes, representa la sucesión de los múltiples estados del ser cuyo movimiento cesa cuando se alcanza la iluminación. Ruedas son también los chakras, centros energéticos por donde atraviesa la corriente del kundalini. La rueda es sinónimo de revelación divina, en el libro de Ezequiel se hace referencia a una rueda con constelaciones de ojos, como está dibujado el arcano del tarot junguiano, en donde vemos a una mujer sosteniendo una rueda rodeada en sus bordes por ojos y en cuyo centro hay un hombre. Esta alegoría de estrellas-ojos tiende a expresar la omnisciencia y la omnipresencia de la divinidad, nada se escapa a la mirada de dios. Para Jung los rosetones de las catedrales representan al sí mismo, la unidad en la totalidad, es un mandala. Es la rueda de los nacimientos y las muertes, en el plano humano la inestabilidad permanente. Podemos concluir diciendo que la rueda se inscribe en el marco general de los símbolos de emanación-retorno que expresan la evolución del universo y del ser humano.
Con respecto al arcano Hajo Banzhaf en su libro “El tarot y el viaje del héroe” nos dice que este arcano suele interpretarse de forma superficial, que se lo toma en forma literal ya que se lo suele relacionar con el azar, la providencia, él prefiere asociarlo a la “tarea” que todos debemos realizar en nuestra vida. Sin embargo, no es que el concepto de azar sea incorrecto, sino insuficiente. La rueda nos confronta con uno de los grandes dilemas de la humanidad: destino o libre albedrío. En la antigüedad estaba muy arraigado el concepto de “destino”, por ejemplo, la astrología antigua hablaba de planetas maléficos y benéficos, el hombre estaba atado a un hado del que no podía escapar. Con el advenimiento de la psicología hoy la astrología ya no es determinista como lo era en otro tiempo. Si bien somos un microcosmos que formamos parte de un macrocosmos y estamos “sintonizados” con la propuesta energética de la configuración planetaria con la que hemos nacido, este conjunto de potencialidades que adquirimos se desarrollará o no en la medida que nosotros lo decidamos. El hombre no es víctima de sus dioses sino que como recipiente de la divinidad puede caminar junto a ellos, aprovechar sus dones y construir su propio destino. En ese sentido se puede comprender lo que nos dice Banzhaf cuando interpreta que la rueda simboliza nuestras tareas en la vida, pero más que la misión la rueda nos recuerda que somos la expresión de una totalidad y que esa singularidad es la que en definitiva nos va a permitir desarrollar nuestra “tarea” en la vida. Sallie Nichols nos dice que la rueda nos permite entender que los acontecimientos de nuestra vida no suceden repentinamente sino que son parte de un proceso. Aún cuando la aparición de ciertas situaciones nos tomen por sorpresa, desprevenidos, nada de lo que sucede en nuestras vidas es totalmente ajeno. Según Jung aquellos aspectos de nuestra psiquis que nos negamos a desarrollar o expresar los encontramos proyectados en el afuera y llegan a nosotros como “destino”. De modo que el hombre no es la víctima del universo ni del mundo, sino que es co-creador de su propia realidad. Es cierto que no podemos librarnos del “destino” de pisar esta tierra y de vivir de acuerdo a las leyes de la naturaleza pero sí podemos anticiparnos a sus ritmos, conocer qué nos pide la vida en determinado momento, evitar desastres causados por nuestros propios instintos. Cuánto más concientes estemos, más despiertos, seremos nosotros quienes tengamos el control de la rueda, evitando así nuestra propia destrucción. “No somos de ninguna manera moscas atrapadas en la red del destino. Dentro de los confines de la rueda hay un amplio campo de actuación para el movimiento.
En el tarot marsellés encontramos una rueda mantenida en el aire por un aparejo a la cual se cuelgan dos animales, mientras que una esfinge coronada de oro y alada sostiene una espada, está sentada sobre un zócalo en la parte superior de la rueda. Esta rueda tiene seis radios una manivela que la hace girar. A la izquierda de la rueda se cuelga un mono con la cabeza hacia abajo y medio cuerpo escondido, a la derecha hay un perro con un collar que le ciñe las orejas y que parece subir hacia la esfinge. Se ha interpretado que estos animales son Hermanubis, el genio del bien y Tifón el genio del mal, de la destrucción y la desintegración. En esta imagen volvemos a ver el concepto de los opuestos: luz y sombra. Vimos estos dos opuestos en los sacerdotes que escuchaban al Hierofante, en los caballos del Carro y en los platillos de la Justicia. Dice Sallie Nichols que el hecho de que estén vestidas significa que esas fuerzas se encuentran parcialmente civilizadas. La criatura que se encuentra en la cima de la rueda se asemeja a una Esfinge, representativa del lado oscuro de la Emperatriz, la madre devoradora, la misma esfinge que – en el mito de Edipo- interrogaba a todos los que entraban a Tebas y los mataba cuando no adivinaban el acertijo. Como decíamos cuando analizábamos el símbolo de la rueda este arcano es un sistema de fuerzas y su esencia es el movimiento. La vida es un proceso, un sistema de constante transformación que incluye integración y desintegración, generación y degeneración. Nada existe separado de la totalidad, todo se manifiesta y todo muere en forma simultánea. Dice Nichols que meditar acerca del movimiento perpetuo de la rueda nos puede ayudar a experimentar la simultaneidad de los opuestos por más irreconciliables que estos parezcan. Hay muchos opuestos simbolizados en la rueda: movimiento – estabilidad; trascendencia – intrascendencia, lo temporal y lo eterno. El centro de la rueda representa la ley universal, lo arquetípico mientras que el borde exterior es la vida humana, lo efímero. El centro expresa la plenitud indiferenciada del puro ser cuya esencia es inmutable e imperecedera mientras que el borde ofrece modificaciones, experiencias, movimientos. A diferencia del 0 del loco la rueda no está vacía, ya que este estado indiferenciado del loco correspondía al estadío previo a la creación y a la dualidad sobreviniente.
Con respecto a su número diez notamos que su número remite al uno y a la vez contiene el 0, lo que anuncia un nuevo ciclo, una nueva toma de conciencia para el hombre que lejos de temer a sus dioses puede comunicarse con ellos, dejar de sentirse solo, acercarse a sus misterios.



El Ermitaño: Elogio de la Soledad

PALABRAS CLAVE: SILENCIO – INTROSPECCIÓN – ILUMINACIÓN – ANCIANO SABIO – LUZ INTERIOR – ORACIÓN – RETIRO – PAZ – SOLEDAD – TIEMPO

“Quien mira hacia fuera sueña
Quien mira hacia adentro despierta” Carl Jung

Estamos en la hilera de los arcanos que corresponde al mundo de los hombres en el cual el héroe deberá sortear los obstáculos que lo lleven al encuentro con su self. Cuando nos subimos al Carro todo era alegría, optimismo, aventura, luego tropezamos con la Justicia, y a partir de este encuentro tomamos conciencia de nuestra adultez, de la responsabilidad de nuestros actos.
Ahora es el momento de reflexionar acerca de lo vivido hasta ahora y encontrarnos con nuestra sabiduría, dejar de proyectarla sobre las figuras de los primeros arcanos. Este personaje que nos va a acompañar es el Ermitaño, un monje anciano que lleva en sus manos un farol y un báculo. Sus ropas están roídas, y está solo en su camino. Se encuentra en plena montaña, es invierno. El clima y el paisaje de la carta revelan austeridad. En el tarot de Wang se asemeja a la imagen de Moisés, lleva en sus manos un farol y un báculo como símbolo fálico del que sale un rayo lo que nos recuerda al rayo de Zeus, el poder y la fuerza destructiva de este arquetipo si no se usa "sabiamente".
Lao Tsé en el Tao Te King nos dice que “las cosas son relativas, ... por eso el sabio rechaza todo exceso, desecha todo lujo y evita la complacencia”. La sabiduría se relaciona con el desapego por aquello que no permanece, que está destinado a desaparecer a diferencia de nuestra esencia. Según Jung representa el Ermitaño el arquetipo del espíritu, el sentido oculto preexistente al caos de la vida. Se diferencia del Papa porque no está entronizado como portavoz y árbitro de las leyes generales. Se diferencia de la Justicia porque no lleva ninguna balanza. No viene a hablarnos de dogmas, ni a juzgar ni a restaurar el equilibrio, viene para “religarnos”, lograr que encontremos nuestro camino hacia nuestro interior. A diferencia del Carro que era una energía yang, que nos impulsaba a salir al mundo para crecer, experimentar para luego ir hacia adentro, este fraile también está en camino, él es un peregrino, aunque no está escudriñando nuevos horizontes como el héroe de nuestro vehículo. “El sabio – dice Lao Tsé – sin salir sabe todo, sin ver conoce, sin actuar logra todo”. Aparenta estar muy conectado con su tiempo presente y estar en paz. Su energía es ying.
La lámpara que lleva en sus manos es símbolo de introspección y de iluminación personal, no ya colectiva ni tampoco reservada a seres canonizados, todos estamos llamados a ser Buda. Su llama está protegida porque él sabe que debe iluminar y no cegar. El fuego descontrolado puede ser desastroso.
En los mitos cuando el héroe ya ha escuchado la “llamada” a la aventura y se encuentra en pleno camino aparecen los ayudantes mágicos que le darán pócimas o le develarán secretos que luego utilizará en el momento oportuno. Uno de esos personajes es el Anciano o la Anciana Sabia. En esa instancia el héroe no alcanza a comprender el mensaje o a tomar conciencia de la utilidad de lo recibido, sin embargo lo escucha para más tarde comprobar que ha sido prudente seguir los consejos del sabio. Cuántas veces en nuestra vida la voz de nuestro sabio interno nos aconseja y no lo escuchamos, estamos demasiado ocupados y luego comprobamos que de haber seguido su consejo habríamos evitado un daño. Demasiado ocupados en un mundo en el que a pesar de las múltiples actividades que tengamos cuando apagamos las luces de nuestros dormitorios nos sentimos vacíos. Sin embargo, aunque pongamos la radio más fuerte y recorramos el planeta en busca de nuevas sensaciones no podemos escapar a nuestra naturaleza humana. Según Jung la apremiante necesidad de encontrar un significado es el motor primario que hace nacer todos los aspectos de la psique, incluyendo la conciencia del ego. No podemos vivir en plenitud si negamos nuestra necesidad de encontrarle un sentido a las cosas. El Ermitaño nos propone encontrar ese sentido a través de la lámpara propia. Hay momentos en la vida en los que necesitamos encontrar nuestra verdad, para eso se requiere que hagamos silencio, tengamos fe y los recursos para aprovechar este tránsito. Si no nos encontramos maduros no podremos entender el mensaje del Ermitaño. Como en todos los casos lo peligroso es dejarse tomar por el arquetipo. Los hábitos del moje pacífico pueden convertirse en uniformes de guerra, o en gestos grandilocuentes provenientes de gurúes que conducen a la masa a suicidios colectivos. También su sombra es el ser huraño, soberbio, el que se aísla del mundo y no se hace cargo de sus responsabilidades terrenales y permanece en un estado de depresión, como si fuera un vegetal. Separados de nuestro dios interior podemos caer en la tentación de creer encontrar a dios en lugares en donde gobierna el diablo. Erich Fromm en su libro “El miedo a la libertad” reflexiona acerca de cuáles son las motivaciones que puede tener una sociedad que en el pasado ha luchado por su libertad para someterse e instalar en el poder regímenes tales como el nazismo y el fascismo. Esas sociedades, conformadas en su mayoría por egos inmaduros e infantiles, proyectaron su necesidad de encontrar significación en estos regímenes que les ofrecieron a cambio falsas promesas de gloria. No comprendieron la verdadera esencia del Ermitaño y en lugar de seguir avanzando retrocedieron proyectándose en los arcanos del comienzo.
Quizás nuestro personaje no tenga buena prensa en nuestros días. El nos enseña el arte de la soledad, estado que nos permite separarnos de la masa para conectar con nuestra individualidad. La soledad no está bien vista en nuestros días. Pareciera que el “solitario” está incompleto, algún problema tendrá porque se separa del resto, es “raro”. Los otros, los que sí se agrupan, los que siguen las últimas tendencias de la moda, los que no se cuestionan las costumbres, se sienten amenazados por estos “solitarios”, ellos les recuerdan el silencio, el vacío, el bosque inconmensurable al que no quieren entrar. Paradójicamente la palabra “soledad” se relaciona etimológicamente con la palabra “sol” que simboliza unidad, individualidad, luz, plenitud. El arte de la individuación es un paraje solitario en el que luego podremos tender puentes hacia los demás, aquel que se auto-realiza se separa para luego unirse auténticamente. No hay vínculo posible con otro si estoy separada de mí misma, de mis potencialidades, de mis temores, de mi oscuridad. Sin embargo ¿podemos afirmar con certeza que “todas” las personas que están unidas lo están íntimamente, desde sus corazones, o simplemente están “amontonadas” porque eso las exime de encontrarse con sus propios demonios?
En mundo que gira a toda velocidad el Ermitaño nos habla de un tiempo de paciencia y calma. Decíamos anteriormente que el Ermitaño era una energía conectada con el presente, yo lo relaciono con los monjes zen, estando “presente”, “aquí y ahora” aún realizando las tareas más simples podemos meditar, vivir la intensidad de ese momento que es en definitiva lo único que poseemos: el pasado ya se fue el futuro todavía no nos pertenece. La sabiduría también se relaciona con la aceptación del tiempo circular y no lineal (en algunas barajas antiguas se lo dibuja con un reloj de arena en sus manos). Hay un tiempo para cada cosa, una época para sembrar y otra para cosechar, la vida es un proceso, un viaje. El Ermitaño lo sabe como conoce también la volatilidad del tiempo, pero lejos de resentirse por esta lo aprovecha al máximo, se vuelve creativo, se transforma. Sin embargo, a pesar de que el Ermitaño se nos presente como un viejo esto no significa que la sabiduría esté relacionada con una edad cronológica, no nos volvemos indefectiblemente más sabios cuando crecemos en edad, puede haber gente joven que sea más sabia que muchos ancianos.
En las ciudades en donde todo está invadido por los sonidos el Ermitaño nos recuerda el valor del silencio. Cuando nos silenciamos la mente es como una radio enloquecida que se niega dejar de transmitirnos sus voces, muchas son las técnicas de meditación que se desarrollaron en Oriente en el conocimiento de esta dificultad y en la creencia de que la única manera de encontrar nuestro centro es a través de ese silencio al que los occidentales tanto queremos evitar. Así corriendo de un lado para el otro, hablando con otro en un bar en el que la televisión y la radio están encendidas al mismo tiempo, sin habernos conectado con nuestro anciano sabio pretendemos “escuchar” al otro ... Aún cuando parezcan antisociales a los ojos de la masa los períodos de soledad permiten que uno vuelva a la comunidad con ideas nuevas y creativas que pueden provocar un cambio beneficioso para ella. ¿Qué puede suceder entonces si no atendemos el llamado del Ermitaño a la introversión? Dice Sallie Nichols que puede traer como consecuencia una soledad forzada que ocasione una gran depresión o una enfermedad mental.
El Ermitaño puede darnos la paz que necesitamos en medio del caos que es la vida moderna, pero lejos de darnos la transitoria calma de un spa, nos ayuda a producir en nuestro interior una verdadera transformación, así estaremos preparados para los cambios que se avecinan y que veremos luego en la Rueda de la Fortuna.