martes, octubre 30, 2012

LA FUERZA: Pasión y Ternura

PALABRAS CLAVE: INSTINTO - LIBIDO - PASION - MODERACION - CALMA - DULZURA - DESEO - ORGULLO

Nos hemos preguntado alguna vez, ¿de dónde surge esa energía que en situaciones límite nos permite hacer cosas impensables?. Qué hace que una madre resista noches enteras sin dormir al lado de la cama de su hijo enfermo, cómo es posible que en el momento en que debemos ayudar a alguien nos venga a la mente aquel curso de primeros auxilios que hicimos hace muchísimos años y que creíamos no recordar. ¿Y por qué alguien frente al comentario de otro reacciona ferozmente dejándose llevar por ese impulso que puede terminar ocasionando mucho daño? Dice Robert Wang que fue Frued quien propuso la palabra latina libido, que significa fuerte deseo, o lujuria como un término descriptivo de lo que se entiende por “instinto sexual, usualmente dirigido a un objeto externo". Jung, sin embargo, viéndolo con una mirada filosófica más amplia, llamó libido a una energía psíquica general. Debemos considerar, él dijo, “cada esfuerzo, cada deseo, incluido el hambre y el instinto como fenómenos de energía iguales”. Jung formuló la equivalencia entre la libido y lo que Shopenhauer dijo: "la voluntad es una cosa en sí misma, sin sujeto ni objeto”. Encontramos entonces dos conceptos básicos de la carta de la Fuerza: libido y voluntad. Si bien podríamos decir que la voluntad, el coraje, son características típicas de lo masculino, propias de héroes y guerreros, la carta de la Fuerza nos propone una figura de mujer. Estamos frente a otra versión del arquetipo de lo femenino. Habíamos visto dos caras distintas de lo femenino, la Suma Sacerdotisa que era su aspecto ying y la Emperatriz que era su aspecto yang, el germen y lo fructificado. También habíamos dicho que primera la hilera de arcanos se correspondía con el reino de los dioses, dicho en otras palabras, como aquellos representantes del inconsciente colectivo. Sin embargo, en el Joven Enamorado nos encontrábamos con el primer drama humano. Podemos decir que La Fuerza es la cara femenina del Joven Enamorado, es el arquetipo de lo femenino (el anima) encarnado en lo individual, y por ende más cercano a la experiencia humana. Acá ya no estamos nadando en las aguas inconscientes de la Suma Sacerdotisa, aquí nos encontramos por primera vez con la pasión humana. Pero esta pasión es “actuada” por la suavidad de lo femenino. Estamos frente a una mujer vestida con ropas acordes a su época, que nos hace verla como culta y refinada. En el tarot marsellés lleva un sombrero que nos recuerda al del Mago, ya que como él esta mujer tiene sus propios poderes, aunque no lleva una varita mágica, su poder reside en sus manos, con ellas sostiene las fauces del león, su magia es más humana, directa y personal.
El héroe (el Joven Enamorado) sigue el camino de su corazón y se sube al propio Carro, se hace responsable de las consecuencias de sus actos a través de los dictados de la Justicia, se vuelve un Ermitaño, reflexiona en soledad y escucha a su sabio interno, luego entiende que en la vida todo es cíclico, y que la falta de conexión con nuestros instintos puede ser catastrófica. Ahora le toca aprender cómo realizar esa conexión. Estamos viendo que no será utilizando la fuerza entendida en términos masculinos sino todo lo contrario. Dice Sallie Nichols que “con su ayuda el héroe se dará cuenta de las fuerzas instintivas que lleva adentro. Aprenderá a sacrificar los poderes del ego a otro tipo de fuerza. Su conducta masculina se modificará mediante un acercamiento hacia lo femenino. Esta nueva forma de funcionar, lejos de resultar afeminada es muy poderosa”.
En otras cartas del tarot también habíamos visto animales. En el loco el héroe se paseaba junto a un perro en el caso del tarot marsellés, luego en la Rueda de la Fortuna aparecían monos vestidos con ropas humanas, aquí nos encontramos nada más y nada menos que con un león, como dice S. N. “una bestia demasiado salvaje para que el héroe le haga frente y demasiado peligrosa para que la ignore”. Pero este acercamiento a las fuerzas del inconsciente no debe hacerse frontalmente sino indirectamente a través de la mediación del ánima tal como hace Beatriz cuando guía a Dante en el infierno y en tantas otras historias, mitos, leyendas. La mujer (el ánima) es la mediadora entre el ego y el sí mismo del héroe. En la “Bella y la Bestia” por ejemplo, vemos que cuando la mujer aprende a amar y aceptar el aspecto inconsciente del héroe consumido por su bestia interna, aquel que en un principio le causaba rechazo, este no sólo se libera sino que se transforma y recupera su poder personal. Tal como Hércules que una vez que vence al león de Nemea en una caverna (que simboliza el inconsciente) se vuelve invencible cuando se pone su piel sobre su cabeza. Para citar algo más contemporáneo en los comics el héroe y el villano poseen atributos de animales, en realidad tienen una mitad humana y una mitad animal. Ambos comparten un pasado de dolor, pero mientras que el héroe ha podido curar las heridas de su animal interno y ha sabido aprovechar sus potencialidades a su favor, el villano se queda atrapado en el dolor, en el resentimiento, en el enojo de su bestia que sólo busca destruír.
La dama de la Fuerza se encuentra detrás del león, no está de frente aunque su relación con el no deja de ser directa, ella sabe entender la naturaleza instintiva del león, ella sabrá alimentarlo cuando aquel lo necesite, ya que de no hacerlo el poder de los instintos desenfrenados, el arrebato de las pasiones, el exceso de ego, podría resultar destructivo. Así como en la historia de la “Bella y la Bestia” esa última se volvía más rabiosa cada vez que la bella lo rechazaba de ese modo se vuelven más poderosos e indomables nuestros instintos. Y esto podría terminar causándonos una enfermedad psicosomática, ya que toda esa libido contenida, puede acabar manifestándose en el cuerpo físico, de alguna manera el león encontrará la forma de pegar el zarpazo y se liberará. O quizás seremos los protagonistas de un hecho violento que no pudimos evitar ... ¿Qué no pudimos evitar? Sin embargo, hacer que nuestro león se sienta cómodo, amado, que esté sano y bien alimentado no significa desatarlo cada vez que se nos antoja. No se trata de la cantidad de control sino de su calidad. Aniela Jafé distingue al hombre primitivo del hombre contemporáneo en su relación con sus propios instintos: “Los peligros que atemorizan al hombre civilizado son los instintos suprimidos o lesionados; los peligros que atemorizaban al hombre primitivo eran los impulsos desenfrenados. En ambos casos el “animal” se ve alienado de su naturaleza verdadera y para ambos la aceptación de su alma animal es la condición para la plenitud y vivencia total es la condición para su plenitud y vivencia total de la vida. El hombre civilizado debe cuidar al animal que lleva adentro haciéndose su amigo”.
Dice Sallie Nichols que hay un debate acerca de qué está haciendo la dama con sus manos, si está abriendo o cerrando las mandíbulas del león. Quizás intencionalmente se haya permitido esta ambigüedad. Hay momentos en los que el león necesita gritar, rugir y otros en los que debe callar y aprender paciencia y moderación. También se pregunta “¿La carta titulada La Fuerza se refiere a la dama o al león? Quizás a ambos – contesta – pues cada una de ellas es una figura muy poderosa: su fuerza procede del compromiso mutuo. La dama se compromete a cuidarlo y el león a ser su más leal defensor. Esto implica que cuando somos capaces de integrar nuestra "sombra", nuestos aspectos oscuros en lugar de negarlos descubrimos esas potencialidades dormidas y los ponemos a nuestro servicio. Podremos utilizar las garras del león cuando realmente lo necesitemos.
Volviendo al símbolo del león este se vincula con el poderío y la soberanía, este es un animal solar. También simboliza la justicia y la sabiduría como los leones del trono de Salomón. Los hindúes consideran a los leones superiores a los hombres porque el león es símbolo de reencarnación. Los animales salvajes en general dice Jung son símbolos de autorrealización porque son fieles a su naturaleza instintiva, la cual es pura e incorruptible. Especialmente el león, con su corona y barba dorada es símbolo del poder de la psique, su sol central, el sí mismo.
En el tarot junguiano encontramos a una mujer, también detrás de un león rojo. El color rojo del león ha devenido tradicional en el tarot por la referencia alquímica del siglo XVI con relación al “león rojo”, en el proceso de convertir el plomo en oro. En la iconografía occidental el rojo es también el color del pecado, el escarlata es el color del la Gran Prostituta de Babilonia y su bestia. Como en la carta de la Suma Sacerdotisa las velas flotan en las aguas de la conciencia. Estas forman un triángulo de luz que es el aspecto femenino de la estrella de seis puntas. La cueva oscura desde la cual las aguas fluyen adentro y afuera representan el canal entre la mente consciente y inconsciente. Aquí también posa su mano en la cabeza de un león. Su función, como la Hija Virginal, es la de ser la domadora de la energía sexual que deviene del Joven Enamorado. Como todas las figuras femeninas en el tarot, ella es un principio organizativo. Más aún, en términos junguianos, esta carta describe la profunda interacción de los costados masculinos y femeninos de Mercurius (la Prima Materia) como ellos se expresan así mismos en la manifestación. Vemos aquí el aspecto inconsciente de la carta. Sin embargo, S. N. nos dice que tenemos un camino que nos permite tomar contacto con el animal que llevamos dentro y ese camino son los sueños. “Quizás nuestra alma animal herida y perdida viene a nuestro encuentro buscando ayuda”. Seamos tiernos ...

 

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