miércoles, octubre 31, 2012

EL SOL: Nuestro Niño Interior

PALABRAS CLAVE: ALEGRIA – JUEGO – INICIOS – RENACIMIENTOS – NIÑO – PLENITUD – VITALIDAD – TOTALIDAD - LUZ

¡Por fin ha salido el sol! Después de noches de oscuridad alumbrados por la luz enloquecedora de la luna, nuestro héroe superó la prueba, llegó a la ciudad y ahora puede contemplar el nuevo día a salvo. Al igual que en los mitos, el héroe que desciende a los infiernos, al mundo oscuro de los muertos, encuentra la salida y emerge hacia la luz. La sensación de victoria es reconfortante y revitalizadora. A la luz del sol todo luce de otra manera, ya no hay miedos, sólo alegría y una sensación de libertad total, esa misma libertad que presentía la mujer del arcano “La Estrella” mientras en la oscuridad de la noche realizaba su trabajo de trasvase. Ahora es una realidad. Mientras el tiempo de “La Luna” nos llenaba de lágrimas y nostalgia por el pasado, hoy “El Sol” nos conecta con el momento presente, con el disfrute, con lo lúdico tal como lo vemos representado en los gemelos del tarot marsellés que unidos, con un sol imponente de marco, se dejan fluir con la alegría. Dice S. Nichols que este arcano nos acerca al sencillo mundo de la infancia solar donde la vida no es un desafío sino una experiencia, un espacio para recobrar la espontaneidad y la armonía interior. A diferencia del adulto el niño se conecta con la experiencia del momento presente, basta con observarlos jugar para darse cuenta, no importa el tiempo transcurrido, no hay pasado ni futuro sólo ese juego al que están abocados. El pensamiento racional del niño está en pleno desarrollo, aún no han surgido los sistemas de creencias que rigen la vida del adulto y la limitan, ni los mandatos familiares y sociales se hallan consolidados, el niño es un ser emocionalmente simple, ama o no ama, no hay segundas intenciones, ni matices, no hay miedos, ni conciencia de sí mismos, en ellos todo es natural. Dice Nichols que los niños representan la función inferior, aquella que no tenemos desarrollada y que se encuentra más próxima a la naturaleza, la cual integrada a nuestra psiquis puede ampliar nuestra gama de posibilidades y potencialidades. Los niños representan entonces la energía vital, lo nuevo, lo experimental, lo primitivo y total.
Según Robert Wang el motivo del niño divino ha sido un pívot para la filosofia junguiana. Es el punto de conexión entre lo individual y lo colectivo. El niño representa el surgimiento de la auto conciencia que emerge del útero de lo inconsciente. Es el niño divino, poderoso, nacido en medio de circunstancias mágicas, y criado en circunstancias particulares también, en definitiva el self que es la instancia última en el camino de individuación junguiana. El arquetipo del niño aparece con varios disfraces, puede ser el ser hermafrodita, es el duende y el elfo de la mitología que personifica las fuerzas ocultas de la naturaleza, es el puer aeternus, es el niño dorado, y es el joven héroe. Es este niño el que simboliza aquello que une ambos opuestos, el mediador, el que trae la curación, aquel quien realiza la totalidad. Esta unificación perfecta es la cuaternidad, es el círculo y es el sol “esférico”. Entonces el niño del arcano El Sol es el joven Mago, que tiene un doble rol. El es al mismo tiempo e joven héroe que va en busca del oro espiritual, y es el oro en sí mismo. De esta manera vemos cómo todos los arcanos se van interrelacionando, y que los primeros contienen las semillas que han de sembrarse en los últimos.
El nacimiento del niño divino implica estar frente a un nuevo estado de conciencia. Cuando aparecen niños en los sueños estamos frente a nuevas potencialidades que están emergiendo, aspectos oscuros de nuestra psiquis que están viendo la luz. Al igual que la figura de los gemelos – tal como aparecen en nuestro arcano – también simboliza la toma de conciencia de aspectos inexplorados que representados por el gemelo oscuro, surgen para ser finalmente integrados. En los mitos el nacimiento del niño divino (Cristo o Buda) ocurre en circunstancias especiales, no nace como un ser mortal ordinario, lo que denota su naturaleza espiritual. Luego, este niño se hará hombre y se convertirá en el héroe que ha de traer la “poción mágica”, la sabiduría conquistada en el otro mundo para el beneficio de la humanidad.
Dice Wang que la diaria aparición y desaparición del sol ha provocado mucha especulación y ha sido el origen de diversos mitos, aunque en realidad el culto al sol ha sido inusual en el mundo antiguo, sólo importante para el pueblo egipcio, en Asia, en la primitiva Europa y en las poblaciones indígenas del continente americano. El viaje del sol – su aparición y su puesta – simboliza el pasaje del niño al adulto, del niño divino al anciano sabio, del puer al senex, ambos pares arquetípicos. El niño es el sol naciente del este y el anciano es el sol poniéndose en el oeste. Dice Sallie Nichols que la primera mitad de la vida es generalmente el viaje del ego, pero cuando hemos dejado nuestra huella en el mundo y nuestro sol se halla en el zenit podemos reconectarnos con nuestro niño interior, unirnos a él y sanarlo. A modo personal me es curioso pensar que los ancianos olvidan los hechos inmediatos de su vida cotidiana actual, mientras que recuerdan con detalle situaciones vividas en su infancia, parece ser que el senex se acerca al niño al final de sus días, y que finalmente el niño volverá a renacer con toda la experiencia acumulada gracias a la sabiduría del anciano.
En este sentido, no hay peligro de una regresión ya que en el arcano “El Sol” los niños juegan en un lugar cerrado, están protegidos, no hay peligro que los contenidos del inconsciente los invadan. También aquí se ven claramente los pares de opuestos: un niño y una niña, los opuestos se unen en este juego solar.
El Sol es el centro del sistema solar, alrededor de él giran todos los planetas, en la astrología occidental es el regente del signo Leo, el arquetipo del monarca, también representa el núcleo principal de nuestra carta astral, nuestra tarea solar es llegar a desarrollar todas las potencialidades del sol natal. Junto con la Luna representa la polaridad más importante, el Sol simboliza nuestro Padre, el futuro, nuestras potencialidades a desarrollar, la conciencia, el conocimiento directo, mientras que la Luna es la Madre, el pasado, nuestro origen, el conocimiento que se obtiene indirectamente, ya que su luz es el reflejo del sol. El Padre es quien nos lanza al futuro, mientras la Madre nos retiene en sus brazos para que nada nos dañe, nos reclama para sí, ella ha creado nuestro cuerpo y le ha dado forma durante nueve meses. Sin embargo, quedarnos eternamente en los dominios de la Luna limita nuestras posibilidades, mientras que dejarnos iluminar por el Sol llena nuestra vida de potencialidades y de felicidad por nuestra autorrealización. El Sol hace que los paisajes de nuestra vida se vean diferente. Cuando en medio de la noche nos asaltan los miedos todo lo vemos oscuro y difícil, bajo la luz de la luna todo parece inmenso, sin embargo si en medio de ese estado podemos recordar que mañana será un nuevo día, el Sol nos llenará de nuevas energías, de esperanza, los miedos desaparecen, vemos por fin ver con claridad, ya la situación no nos parece tan terrible. Nos sentimos a salvo.
Hay un niño en un pesebre que acaba de nacer, en la más absoluta sencillez. Es el niño divino, el hijo de Dios. No necesita venir al mundo en un palacio, no le hacen falta ornamentos, trasciende por su naturaleza y no por lo que tiene. Así de simple es el encuentro con nuestro ser divino, nuestra naturaleza más profunda, no hacen falta caminos complicados, ni vanidades inútiles, ni secretos, ni intermediarios, no es a través de nuestro ego que llegaremos a encontrarlo. Este niño nos llena de felicidad, como la llegada de todos los niños a este mundo, simboliza la plenitud que sólo se consigue con el encuentro con uno mismo, con nuestro ser, con la porción de divinidad que subyace en todos nosotros. Todo lo demás es circunstancial, y puede darnos simples destellos de felicidad que desaparecen como estrellas fugaces en nuestro cielo, tal como enseñó Jesús persigamos el reino de dios y todo lo demás vendrá por añadidura, ese edén que está en cada uno de nosotros. El niño representa la felicidad por lo que somos y por lo que podemos llegar a ser. La llegada al mundo de nuestra alma inmortal y todos los renacimientos que operarán a lo largo de nuestra vida, como así también al final de nuestro camino. Somos espíritu, somos eternos, el niño nos trae el mensaje. Nos brinda su ternura, su inocencia, el amor más simple y a la vez el más profundo. Mañana cuando finalmente haya nacido todo será diferente, nos regalará un sol enorme para que podamos iluminarnos a nosotros mismos y ser luz para los demás.

 

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