miércoles, octubre 31, 2012

El Diablo: El Angel Oscuro

PALABRAS CLAVE: OSCURIDAD – SOMBRA – PASIÓN – ESCLAVITUD – ATADURAS – OBSESION – AUTODESTRUCCION – NEGACIÓN – LUZ – CONFUSIÓN – SEDUCCIÓN - MAGNETISMO

¿Es el diablo ese ser espantoso que hemos visto en películas de terror? ¿Será ese personaje que nos tienta, nos arrastra al “pecado” del que tanto hemos escuchado hablar y al que se le ha echado la culpa de casi todo? Las religiones monoteístas hablan de dios y del diablo, como dos fuerzas antagónicas, ¿es que habrá un Boca-River también en el mundo espiritual? ¿Dios será tan pusilánime como para no poder contra este Diablo? ¿O será un Dios morboso, o quizás indiferente?
Según R. Wang el diablo es una creación del cristianismo que combina aspectos de las distintas personalidades mitológicas. La idea del diablo se remonta a los comienzos oscuros de la humanidad y a la concepción animada de la naturaleza involucrando buenos y malos espíritus. Continúa explicando que el primer diablo parece haber aparecido en India como Mara, la tentadora de Budah. Históricamente la dualidad dios-diablo del cristianismo surge de la influencia de la filosofía persa que establecía que el bien y el mal provenían de dos diferentes e independientes fuentes. Luego en las escrituras del Viejo Testamento Satán -que en hebreo significa adversario – aparece más como un sirviente de Dios, que odia a la humanidad, acusa y demanda castigo en nombre de Dios, que como su oponente. En los tiempos de Cristo se expande la creencia en un diablo que trae enfermedad y posesión mental, pero este era en esencia un demonio independiente, difícilmente era una figura que pudiese cuestionar la autoridad de Dios. Jung se fascinó con el problema del diablo y se concentró especialmente en las paradojas tales como la responsabilidad de Judas en la muerte de Cristo, porque si Judas no hubiese traicionado a Cristo no hubiese habido crucifixión y consecuentemente tampoco cristianismo tal como lo conocemos. El diablo es en realidad un rebelde que quiere algo mas, dicen que odia al hombre, pero en definitiva termina siendo su “benefactor”. ¿Que hubiese sido de nosotros si Eva no hubiese caído en su tentación? La humanidad jamás hubiese evolucionado y seguiríamos viviendo en el paraíso con todo servido. Sin embargo, qué difícil aceptar este concepto cuando nuestra cultura judeocristiana nos ha enseñado que el diablo es el enemigo del hombre, y que Dios es únicamente bueno. Según comenta S. Nichols Jung argumentó que el bien y el mal son pares de opuestos y uno no puede existir sin el otro, por lo tanto no tiene lógica que Dios no tenga también su alter ego, su costado oscuro. Cuanto más difícil aún aceptar esta teoría. Todo lo cual nos lleva a relacionar al diablo con el arquetipo de la “sombra”.
Yendo a nuestros días probablemente no encontremos al Diablo tal como le sucede a los protagonistas de una película de terror aunque si lo identificaremos claramente en las noticias de todos los dias: crímenes pasionales, adictos que roban para consumir, políticos corruptos ciegos de poder y de codicia, actos de violencia irracionales, etc. En todos estos casos el Diablo estaba ahí, no con sus cuernos y su aspecto deforme, sino en la psiquis de cada una de esas personas que exteriorizaron su oscuridad, la llevaron a la acción, dañaron o se dañaron. El Diablo es el aspecto oscuro de la personalidad: la Sombra. ¿Qué es entonces la sombra? Dice R. Wang que la sombra es el complejo de la personalidad más negativo, desagradable a tal punto que la gente intenta negar. Tal como Jung explica la sombra personifica todo lo que el sujeto se rehusa a conocer acerca de uno mismo. El relacionó esta personalidad “inferior” con los instintos animales, y la describe como la mitad oscura de cada persona que es percibida como un ser separado. Cada función que se vuelve autónoma y se separa de la personalidad es demoníaca o sea patológica. El “self” es la hipotética suma de una indescriptible totalidad, una parte de este está constituido por el ego-conciencia, la otra por la sombra, lo que para Freud era el inconsciente personal. En el proceso de individuación, el arquetipo de la sombra es la clave. Este proceso comienza cuando los contenidos de la sombra son traídos hacia la conciencia, no puede haber evolución hasta que la sombra sea reconocida e integrada. En nuestra cultura judeocristiana el bien es totalmente diferente al mal, además se ha hecho un culto al bien a tal extremo que cuando en el mejor de los casos tenemos un pensamiento oscuro sentimos culpa, sino lo reprimimos. Sin embargo, negar el mal no hace que este desaparezca, se necesita encontrar un receptáculo para nuestra oscuridad, entonces la proyectamos en el otro, nos victimizamos, no somos responsables de nada. Esto mismo ocurre a nivel colectivo, y las comunidades que son minoría (negros, judíos, homosexuales, gitanos, etc.) se convierten en recipientes de la “basura” de la sociedad, todo lo que esta se niega a aceptar. Según S. Nicholls que con cada guerra parece más evidente que compartimos características del diablo, dice que es precisamente la función de la guerra la que revela a la humanidad su enorme capacidad para el mal. Y es la guerra el escenario perfecto para destruir al otro y a uno mismo. Dice R. Wang que para Jung el encuentro con la sombra y su consecuente aceptación e integración es un proceso que muy pocos logran porque la mayoria de la gente no es conciente de ella y viven en incredulidad de pensar que son totalmente “buenos”. Además el encuentro con la sombra es una experiencia muy desagradable que pocos pueden soportar. Ese encuentro implica encontrarse con los aspectos más oscuros y atemorizantes de la personalidad, los instintos primarios que la civilización nos enseñado que son inaceptables. Una manera de conectar con nuestra sombra como con el resto de los arquetipos es a través de los sueños. De acuerdo a las investigaciones de Jung la sombra se manifiesta en animales tales como arañas, murciélagos, ratas, etc. Una noche soñé con un murciélago que cuelga de un hilo y me mira, al principio me da repulsión, luego lo miro bien y veo que me mira con dulzura, lo veo otra vez y me doy cuenta que tiene mis ojos. Este sueño revela perfectamente cómo en realidad ese murciélago no es otro que mi sombra y describe el proceso de encuentro con ella: rechazo primero y luego aceptación.
Vayamos ahora a contemplar esta carta. En el tarot marsellés la figura del Diablo es un hombre que está de frente, en una de sus manos sostiene una espada con la mano izquierda que representa el aspecto inconsciente y alza la otra en forma descuidada. Tiene alas de murciélago y en tu torso hay pechos de mujer, las manos y los pies tienen las garras de un ave depredadora. Está parado sobre un pedestal. Hay otras dos figuras masculinas pequeñas que están de espaldas a él, se encuentran atados por una soga que tienen en su cuello. El aspecto del Diablo es confuso, es un hombre mitad animal con pechos de mujer, porque él en realidad es confuso. Sus atributos animales están relacionados con lo instintivo, los femeninos con aquellos aspectos involucionados de lo femenino, la seducción y el magnetismo que devienen en maniobras manipuladoras y que son utilizados con fines egoístas. La espada que lleva en la mano izquierda es sostenida descuidadamente a diferencia del Arcano de la Justicia que la sostiene con autoridad, lo cual indica que la relación con el logos es totalmente inconsciente. Las alas del diablo son de murciélago. Este es un animal que nos da rechazo porque parece atentar contra el equilibrio de la naturaleza: un ratón con alas parece ser un macabro error. Es un animal nocturno, se cuelga de las cavernas de cabeza y sale a volar de noche cuando todo duerme, chupa la sangre, su mordida es pestilente y contagiosa de enfermedades. El aspecto del Diablo es desagradable porque este conglomerado de partes nos conecta con lo siniestro, con la desarmonía, es un atentado a las leyes de la naturaleza. Sentimos un profundo miedo y rechazo. Sin embargo, hay un aspecto seductor y magnético en el Diablo. Creo que al llevarnos a un terreno desconocido nos sentimos seducidos por el vértigo, luego también creo que inconscientemente intuimos que algo interesante se esconde detrás de él, como toda energía lleva implícita los dos opuestos, el aspecto yang, la luz también está presente en el Diablo, una luz que va a iluminar definitivamente nuestra vida si sabemos descubrirla. Los dos personajes que lo acompañan están de espaldas, lo que simboliza que no son conscientes al dominio del diablo, de hecho están esclavizados, atados a él, aunque no lo saben. Y en tamaño son pequeños y deformes, lo cual se relaciona con su involución. A diferencia de la carta del Hierofante cuyos personajes lo miran directamente a él buscando consejo, el Diablo no es frontal, maneja los hilos sin que ellos sean conscientes. Siguiendo el esquema propuesto por Nicholls el Diablo se encuentra en el último estadio del camino del loco. Por encima de el se encuentra El Mago y la Justicia. El Diablo es la sombra del Mago, recordemos el aspecto sombrío de este: manipulador, mentiroso, estafador. A diferencia de la Justicia que busca el equilibrio y la reparación apelando a darle a cada uno lo suyo, el Diablo es el desequilibrio personalizado y no lo mueven valores trascendentes sino la búsqueda de sus propios placeres materiales. El Diablo es “el obstáculo” en el camino del Loco, que soportó su propia muerte y renació, se dejó sanar por las aguas de la Templaza, si verdaderamente ha salido airoso de estas pruebas, el encuentro con el Diablo no será una experiencia traumática, si lo es implicará que todavía hay ciertas cosas que se niega a abandonar. De todos modos si no logra hacerlo la vida lo hará por él cuando se enfrente a la Torre, nuestro próximo arcano.

 

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