martes, octubre 30, 2012

El Colgado: La Muerte Simbolica

PALABRAS CLAVE: SACRIFICIO – PARÁLISIS – ILUMINACIÓN – PRUEBAS – RITO DE PASAJE – INICIACIÓN – DESCONCIERTO - TRAICION


“El verdadero viaje de descubrimiento no consiste en buscar nuevos paisajes sino en tener ojos nuevos” Marcel Proust

En este camino hemos visto que nuestro héroe incorporó a su conciencia las figuras imponentes de los primeros arcanos que se corresponden con los dioses, o sea con el mundo del inconsciente colectivo, se decidió a abandonar su comodidad, se subió a su propio carro, aprendió a lograr su propio equilibrio y a responsabilizarse por sus actos, y dominó su bestia interna, a tal punto que la convirtió en su aliada. En la última carta – la Fuerza – habíamos visto a un héroe con su vitalidad renovada, lleno de coraje y de energía. Pero habíamos dicho que se necesitaba una gran dosis de dulzura, calma y entendimiento para domar a esa bestia, y que tanto si la ignorábamos como si la maltratábamos cual animal de circo, esta se nos iba a revelar. Así mismo como en la carta del Carro este arcano nos advertía del peligro de alimentar a la bestia con emociones y excesos y engrandecerla aún más, los peligros del ego de los que tanto hemos hablado se nos hacían presentes nuevamente, como una advertencia en esta carta. Pareciera que si esta lección no ha sido aprendida aún, en la experiencia del Colgado el aprendizaje se vuelve indispensable ya que la carta número trece La Muerte irrumpirá llevándose todo aquello a lo que nos apegamos y hay que abandonar. El Colgado viene a poner un freno a ese orgullo desmedido tal como en su momento lo hizo la Justicia frente al desenfreno del Carro y nos prepara para la próxima carta, la Muerte. Cuando estamos frente a esta carta nos produce una sensación extraña. En el tarot marsellés vemos a un hombre atado por uno de sus pies a un patíbulo entre las ramas de dos árboles (símbolo de lo materno) con la cabeza hacia abajo, con las manos en su espalda aparentemente atadas también y con una de sus piernas haciendo un cuatro (símbolo de la materia, es el numero del Emperador). Los árboles crecen al borde de un precipicio, un barranco. A pesar de que su postura es incómoda no se lo ve sufriendo, su cara está sonriente. Sin embargo, el solo imaginarnos a nosotros mismos en esa situación nos produce impotencia. En la antigüedad, ser colgado por los talones y ser golpeado (generalmente hasta la muerte) era un castigo inflingido a los caballeros culpables de mentir, de cobardía, o deserción. Vemos también que su cabeza se encuentra casi sumergida en la tierra, que simboliza la materia. Finalmente podemos concluir que está en un estado de regresión. El árbol truncado representa a la madre, el colgado está encerrado en una especie de ataúd, está suspendido entre dos polos gemelos: muerte y nacimiento.
Dice Robert Wang que cualquiera sean los orígenes del Colgado, es una carta a la que se le han relacionado algunas ideas profundas, el S. XIX los oculistas ingleses y franceses fueron los primeros en sugerir que la carta podría representa una condición de autosacrificio que conduce al conocimiento directo de la vida y la muerte. Como fue enseñado por una fraternidad ocultista: el Colgado es sacrificio – la sumisión de lo elevado en lo inferior para finalmente sublimarlo. Es el descenso del espíritu en la materia, la encarnación de dios en el hombre, la sumisión a los huesos de la materia que hace que lo material deba ser trascendido y transmutado. ¿Cuál es el propósito que subyace a esta sumisión? ¿Quién ha puesto a este hombre boca abajo, se ha sometido él mismo a esta situación o ha sido el destino?
El arquetipo con el que nos encontramos en este caso es el del sacrificio.
El sacrificio ha estado ligado a la humanidad desde siempre. Dice Robert Wang que la historia de las religiones es la historia del sacrificio en distintos niveles. Embebida en cada cultura – desde la pagana hasta las más complejas sociedades industriales – subyace la idea que el sacrificio, de una forma u otra, es esencial para el progreso. En la antigüedad la ofrenda de la vida humana se hacía para apaciguar a los dioses y para persuadirlos de brindar buena fortuna. En todas las culturas, el sacrificio expresaba una relación entre lo individual y la conciencia colectiva (los dioses).
En la sociedad moderna el arquetipo del sacrificio está presente aunque de manera diferente. Si bien algunas comunidades aborígenes fieles a sus tradiciones continúan haciendo sacrificios a sus dioses en las fiestas determinadas, el hombre urbano también hace los suyos (las promesas a sus dioses, santos que muchas veces se traducen en peregrinaciones a determinados sitios sagrados, etc). También podemos ver claramente este arquetipo cuando en una crisis provocada por un miembro del gobierno a este se le pide la renuncia o este sacrifica su puesto para evitar el oprobio popular, se exige un sacrificio en función de conservar el orden y el bienestar general, la idea del sacrificio genera alivio y la sensación de que es necesario para que las instituciones puedan seguir progresando.
Se podría afirmar que la historia del sacrificio de la vida humana es la historia de la interpretación por las distintas culturas, del verdadero valor de la vida. Sin embargo, a los ojos del hombre occidental el sacrifico humano puede resultarle horrible y brutal. Los españoles se horrorizaron cuando conocieron los sacrificios humanos que efectuaban los aztecas, por ejemplo, sin hacerse cargo de que ellos decían evangelizar por el bien de los aborígenes, pero en realidad también mataban “en nombre de dios” con el propósito de enriquecerse. Por el contrario los aztecas ofrecían las vidas de los sacrificados a los dioses en favor de la comunidad y generalmente las víctimas lo eran por propia elección ya que ellos creían que iban a un mundo mejor.
Ya hemos mencionado lo destructivo y peligroso que puede ser que una persona haga carne un arquetipo. En ese caso si lo que está en juego es el arquetipo del sacrifico estamos frente al mártir o al suicida. En algunas culturas el sacrificio de la propia vida era visto con buenos ojos. Dice Robert Wang que al principio el suicidio fue aceptable para la temprana sociedad cristiana – especialmente a principios del siglo IV - que incentivó el auto-sacrificio como un camino al martirio y por ende a la salvación eterna, concepto que luego se modificó considerándose a los suicidas los “mártires de Satán”. El suicidio también ha sido ensalzado en la Roma antigua así como también en China y Japón. En la India, el suicidio fue considerado un privilegio especial, un premio para los ascetas quienes han logrado perfección en esta vida. Desde que se creyó que los suicidas nunca retornaban a la tierra, al tomar su propia vida el hombre sagrado hacía terminar el ciclo del nacimiento y la muerte a la que todo hindú estaba condenado.
En la era actual debido a la distinta valoración de la vida humana el suicidio no tiene la misma significación. Pero lejos de que una persona se quite la vida esta puede someterse a “castigos” por propia elección y en ese sentido decimos que está tomada por el arquetipo del sacrificio. En realidad se produce un desentendimiento del sentido del arquetipo. El arquetipo de la iniciación que está íntimamente ligado a aquel tiene que ver con la muerte simbólica de la personalidad, se trata de que la persona se conecte con “la muerte”, la comprenda pero de una manera inmaterial, se relaciona con la exfoliación de todo aquello que ya no podemos continuar cargando, y con el renacer a una nueva vida, el ciclo muerte-resurrección. Sin embargo, hay quienes se quedan en el primer estadio (la autoflagelación), interpretando el símbolo literalmente sin entender el verdadero significado.
El sacrificio no es sólo atributo del hombre, sino también de los dioses. Encontramos el sacrificio en la cruz del hijo de Dios, Cristo, y la del escandinavo dios Odín, generalmente llamado “El dios de los Ahorcados”. Odín cuelga voluntariamente nueve noches en el árbol “Guardián” llamado Yggdrasil, para aprender la sabiduría de la muerte. Después de nueve noches Odin vuelve de la muerte, renovado y retorna con el oráculo de las runas para entregárselo a la humanidad.
Dice Robert Wang que el arquetipo de periódico auto-sacrificio de dios demuestra la renovación de la energía vital. Entonces, como una expresión arquetípica el “evento” del sacrificio de Cristo debe repetirse regularmente. El significado de esos mitos, para Jung, es que son arquetípicas descripciones del curso natural en la conciencia de cada persona.
¿Qué ocurre entonces cuando estamos en un momento en el que gobierna el Colgado? Por empezar la vida nos ha puesto un freno y por más que pataleemos e intentemos zafarnos más vamos a enredarnos. Quizás el carro iba a mucha velocidad y ni siquiera nos dimos cuenta, fuimos incapaces de domar nuestra bestia interna y toda esa energía se convirtió en una enfermedad. Lo cierto es que estamos aquí suspendidos y con la cabeza dada vuelta. La vida nos obliga a mirar las cosas desde otra perspectiva, seguramente en esta posición podemos apreciar el mundo con otra mirada. Probablemente la razón ya no nos sirva, de hecho la cabeza – como centro del pensamiento – se encuentra cerca del suelo en una posición casi humillante. Quizás a partir de este momento podamos conectarnos con la intuición. Nos sentimos impotentes y humillados, nada de lo que habíamos aprendido nos funciona. Pareciera que no vamos a tener otra alternativa más que descansar, abrir nuestra mente y aceptar. En estos momentos no debemos olvidar que si logramos “ser iniciados” por la vida, superar esta prueba, resurgiremos renacidos. Aunque nos sintamos morir nada va a ocurrir, la muerte es simbólica, aunque en esas noches oscuras sintamos como Jesucristo en la cruz que hemos sido abandonados por el padre. La clave es esperar, ser pacientes, dejar ir. Los monjes budistas dedican toda su vida a alcanzar la iluminación. Sin embargo, el hombre occidental puede alcanzar la iluminación no como un estado único sino en ciertos momentos de su vida en los que comprende a la vida y por ende a la muerte, y con ese entendimiento aprende a ver su propia existencia y el mundo, desde una optica diferente. A partir de este momento en que “sacrificamos” nuestra individualidad, comprendemos que no estamos aislados, que somos parte de un cosmos, todo es maya, todo es ilusión, todo es existencia psicológica, todo muere y todo renace. Dice Sallie Nichols que a diferencia de los animales de la Rueda de la Fortuna que se encuentran sometidos a los vaivenes de la rueda de la vida, aquí el Colgado puede ahondar en el significado de la experiencia y capitalizarla. Continúa diciendo que “el estar colgado sobre el limbo es una posición llena de ambigüedades: por un lado cuelga uno precariamente sobre el abismo pero, visto desde otra perspectiva se le ha impedido caer al fondo del barranco”. Y eso explica en parte porque nuestro personaje sonría aunque este estado no sea agradable, quizás aún no se haya conectado con la posibilidad de transformación de esta experiencia, pero cuando el Colgado se libere y dance libremente como en la carta del Mundo, se sentirá agradecido a la vida por esta oportunidad liberadora y transformadora.
En el tarot junguiano Robert Wang ha puesto énfasis en la serpiente, que está envuelta alrededor del cuerpo de la figura “colgada” en el espacio. Esto sirve para expresar la importancia de la serpiente (la energía kundalini) el enérgico aspecto de la libido en el proceso por el cual uno regresa, para usar términos junguianos, al inconsciente colectivo. En el tarot la serpiente es en definitiva la del Mago, es el ouroboros que toma su cola en su boca.
La serpiente es de hecho, el instrumento del sacrificio: es a través de quien Adán y Eva son arrojados del paraíso, obligados a abandonarlo todo, iniciados a una nueva vida, en definitiva, liberados.
Esta idea que la transformación y la renovación sucede a través de la serpiente es un arquetipo que se encuentra a lo largo de la historia, y es quizás mejor expresado por el Kundalini Yoga.
Con respecto al número doce, el número del arcano del Colgado, dice Sallie Nichols que marca el tiempo de la vida humana que divide las horas diurnas de las nocturnas. También se corresponde con los doce signos del zodíaco, doce son los apóstoles de Jesús porque paradójicamente uno de los trece que eran originalmente – Judas – es quien lo traiciona y termina colgándose a sí mismo, El doce es un numero que simboliza la completitud, y nos prepara para la trascendencia del ciclo cumplido. Y quizás así iluminados por esta experiencia seamos capaces de recibir a la Muerte con una sonrisa.

 

3 comentarios:

  1. Anónimo8:44 p.m.

    hola.
    te felicito por tu blog.
    ojalá sigas con el resto de los arcanos, están muy interesantes.
    graias

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  2. Anónimo4:29 p.m.

    Hola, me gustó mucho la parte del curso a la que he tenido acceso, muy interesante, en especial que este realizado desde el marco teórico Junguiano. Quisiera saber cómo puedo hacer para acceder al resto de las cartas ya que empieza desde el Arcano 6 hasta el 12. Desde ya muchas gracias!! y destaco también la realización y esmero con el que cada carta es desarrollada. Espero la respuesta por favor. Saludos!!

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  3. gracias por sus comentarios, retomé el curso, ya estarán disponibles los otros arcanos.

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