martes, junio 16, 2009

Lecturas de tarot junguiano




Cuando una persona me pide una lectura preparo energéticamente el lugar y me predispongo a recibirla, previa meditación. Los antiguos consideraban que ciertos sitios eran sagrados y para demarcarlos utilizaban el círculo como protección. Esa es la idea que me guía cuando digo que preparo el lugar: lo vuelvo sagrado, una especie de templo, un espacio sin tiempo ni lugar en que el mensaje del tarot pueda llegar fluidamente.
En esa hora y media en que nos encontramos los relojes se detienen, los celulares se apagan, “es un tiempo fuera del tiempo”, en donde el mundo cósmico, primigenio, de donde surgen los arquetipos del inconsciente colectivo descubierto por Jung, se manifiestan en el mundo de los hombres. En realidad este otro mundo, el de los arquetipos, está siempre haciendo frontera, se nos manifiesta en sueños, mensajes, sincronicidades. Lamentablemente estamos demasiado ocupados para escuchar su lenguaje. Si observamos en las iglesias hay figuras de ángeles que se erigen en sus entradas, implica que el lugar es un sitio sagrado, custodiado, la idea es que cuando uno entra pueda adquirir una experiencia trascendente que lo transforme. Salimos de la iglesia y no somos los mismos, algo se ha iluminado en nosotros. Ese es mi norte, unir ambos mundos, provocar en el otro una toma de conciencia.
Preparo la mesa. El aceite esencial, una gema de cuarzo, una fuente de agua, nos
conectan con los elementos de la naturaleza. El aroma de los aceites nos generan sensaciones, nos despiertan emociones, expanden nuestra capacidad perceptiva y sensorial. El cuarzo nos recuerda a la energía de la tierra, su sostén, su capacidad de curación. La fuente de agua la fluidez de un río que arrastra, integra, y busca su camino hacia el mar.
Comienza la sesión, la persona se acomoda, intento que se conecte con este espacio especialmente sellado para ella. Le pido que elija una runa y la dejo apartada hasta que termine la sesión. Luego le pido que mezcle las cartas conectándose con la energía y cuando ella lo considere acomodo las cartas en círculo, doce cartas en total, doce aspectos de la existencia humana, doce signos del zodíaco.
La lectura rige para su presente y sus posibilidades futuras, no ahondo en su pasado, me interesa el hoy lleno de oportunidades. El oráculo es una guía para la conciencia. Los acontecimientos externos en general son un mero reflejo de nuestro fuero interno. Los arquetipos representados en los doce sectores de la vida nos van mostrando pautas de conducta, patrones energéticos que se van desplegando. Estas energías que se hacen presentes van tejiendo posibilidades y desafíos a tener en cuenta. El círculo de cartas se va amalgamando y los distintos sectores empiezan a vincularse unos con otros. La persona se conecta con el panorama general de su vida: los recursos, el hogar, los vínculos familiares, el trabajo, los viajes, los estudios, el inconsciente, las amistades. Cómo se siente, cuáles son sus anhelos, qué tránsito está atravesando.
Vienen luego las preguntas. El procedimiento es el mismo: interpretar qué energía se despliega y mediante la intuición leer el mensaje. La respuesta intenta ser lo mas concreta y realista posible. No dar falsas expectativas es fundamental. A veces la respuesta del tarot es muy clara, otras se presenta confusa, ambigua, quizás es el momento adecuado para que la persona se deje fluir y confíe en que el mensaje llegará a ella por otra vía cuando esté preparada.
Antes de cerrar la sesión damos vuelta la runa. Leemos el mensaje a modo de cierre. La persona se va y el lugar recupera su impronta cotidiana. Los relojes se reanudan y las líneas telefónicas se activan.
La persona se lleva una clara dimensión de su matriz energética actual que le permitirá adquirir un sentido más real de sus cosas. Consciente ahora de sus posibilidades y desafíos a enfrentar vuelve al mundo de los hombres.